Microcuentos

Estimados visitantes: Tengo un problema: No puedo saber qué es ficción y qué es realidad: Posiblemente la entrada anterior fuera un montón de mentiras y quizá estas microhistorias no hagan otra cosa que analizar la realidad: Se trata de textos sociológicos:

 
 
Engaño

Decidió engañar a su mujer para salvar su matrimonio. Sabía que ella mantenía relaciones con varios amantes. Llegó a la conclusión de que lo único que podría mantenerlo unido a esa mujer que amaba más que a su propia vida sería mentir. Siempre habían estado de acuerdo en que la confianza mutua y la buena comunicación eran lo único que podía sostener una relación de pareja, ya que esto permitiría a los integrantes de la misma tener una vida libre y estimulante. No era ningún secreto para él que su mujer le ponía los cuernos con la misma naturalidad con que iba a clases de aerobox y que, con idéntica soltura, incluía el tema en las conversaciones cotidianas. Él siempre había sido parlanchín y, de un tiempo a esta parte, se había vuelto parco. La amaba tanto que, muy de tanto en tanto, si acaso mirara un culo muy prominente. Sabía que ella desconfiaría de su silencio más tarde o más temprano. El pacto que habían hecho partía de la base de que el ser humano es polígamo por lo cual, de manos trenzadas y ojos con ojos, se habían prometido que, por el sano funcionamiento de la pareja, no se privarían nunca de los mandatos del cuerpo. Decidieron que de esa manera evitarían que los deseos mal contenidos arruinaran el temple del espíritu.
-Mi amor, esta noche no voy a volver, tengo una mina –dijo él, sintiéndose muy culpable de tener que mentirle a su adorada mujer.

Intercesión divina

São Paulo había sido acosada por una delincuencia cada vez más violenta. Primero habían sido los motines en las cárceles. Más tarde, los desmanes organizados desde las mismas. Los narcotraficantes presos tenían teléfonos celulares –muchos se preguntaban cómo la policía no retiraba tal privilegio- a través de los cuales organizaban el funcionamiento de las bocas de venta. La quema de omnibuses con pasajeros y la gente acribillada a la salida de un partido de fútbol fueron medidas de lucha para lograr mejores condiciones en la reclusión. Dicen que toda la situación estalló a partir de que, como medida disciplinaria, uno de los capos fue privado de ver el partido de los cuartos de final del Mundial.
La sociedad estaba atemorizada. Los niños veían cómo sus padres no los dejaban ir solos ni a la esquina. Toda calle más o menos transitada era evitada en lo posible, con lo cual otras calles se transformaban en las más transitadas, lo que provocaba unos movimientos de masas de lo más erráticos y nerviosos. El miedo y la indignación cundían. Y las reacciones más diversas aparecieron.
Una de las reacciones más sonadas fue en el parque de Ibirapoera. Fue una jornada de meditación muy impresionante que se llamó “Deus pela paz”. En la parte más calma del enorme parque, miles de budistas meditaban en silencio. Varios pastores de “Pare de sofrer”, abrazados, resucitaban a uno de los muertos en la balacera frente a un público hambriento de justicia divina. El padre Marcelo Rossi, con su orquesta, dio una misa en la que cantó varios himnos alusivos a la situación, además de declamar las bienaventuranzas. Se instaló un terreiro gigante en el que pais y mães correspondientes a todos los orixás hicieron un ritual como nunca se había visto.
El sargento Edmílson da Cunha, de la polícia militar, vio todo por la TV, que transmitió en vivo grandes trechos del evento. Tenía que lidiar con los bandidos todo el día y sabía cómo funcionaba la cosa. Conocía de casos de policías corruptos que contribuían al estado de caos. Supo que tenía que hacer algo.
Al otro día, “Gil Gomes, aqui, agora”, caminaba rápido y agitado por las tortuosas ruelas de la favela, mostrando sangre y cuerpos muertos a la mitad de la tarde. El periplo del cronista rojo acabó en la comisaría, donde entrevistó al responsable por las cerca de cincuenta muertes perpetradas con un fusil AK-47. Dijo, humilde, con acento caipira y aún con el uniforme de la PM: “só matei os criminosos porque Deus me mandou, pô.”

Richard Reyes

En esa sociedad de lo que para nosotros es el futuro, la lengua se ha dejado de lado a favor de la mucho más inequívoca telepatía. Casi sobra decir que la mentira se ha visto imposibilitada. Los peores delitos, de esos que auguran encierro forzoso, son los de consciencia, entre los que se cuentan “pensamientos rudos” (unpolite thoughts, en el inglés original, que es la única lengua que permite tales monstruos puritanos), “intentos venéreos indebidos” o “intentos simiescos”. (Debo aclarar que las denominaciones citadas entre comillas son intentos de traducción de Peter Rock, que me ha facilitado el acceso). Parece el argumento de cierta película en la que actúa Tomás Cruz: se trata allí de una sociedad en la que la policía puede prever los crímenes y, actuando en consecuencia, pone presos en vida vegetativa a los potenciales agresores; Tomás Cruz, héroe atribulado, se ve acusado de un futuro crimen y huye para demostrar su inocencia, lo cual logra con la consiguiente caída del corrupto que ganaba plata con el sistema de adivinación. Ahora bien, esta película sería imposible en la sociedad futura porque las intenciones del corrupto encontrarían la censura en su fase más larvaria. Lo que no hay es privacidad. Sin embargo, hay artistas. No pueden lograr que su obra quede registrada y se proyecte al futuro porque no hay escritura. Su arte consiste, a falta de ocultamiento alguno, en crearse permanentemente a sí mismos, en ser una asamblea de voces disímiles que llegan a dialogar entre sí. Sí, lo que sospechaban sucede: generan desconfianza. Uno de ellos, según mentas el más grande y atormentado, es uno que logra traducir sus obras, que son noventa y nueve artistas creados, hacia el pasado. Es decir, a este ahora que se escurre y revela que sólo existe lo que ya existió. De esa manera, elude (¿eludió?, ¿eludirá?) los censores que venden calmantes. O, al menos, es lo que ha traducido de un idioma inglés inexistente Peter Rock que, todos lo sabemos, vive en otro planeta.

Chino improvisado

Fue Sin Guion.

*

Seré breve, dijo Casandra.

*

Estoy mintiendo, dijo Pinocho.

Bien hecho

Vine, toqué, empatamos.

La mujer que estaba en la barra

La mujer estaba en la barra. Tomaba sola. Tenía campera de cuero, cejas negras y un escote que sugería tetas chicas y suaves. Mi primera novia se había llevado la ilusión. Compré una cerveza y el diálogo corrió como si bajara garganta abajo. Mi segunda novia se había llevado mi capacidad para recordar fechas de cumpleaños. La conversación estuvo buena y nos dimos los respectivos correos electrónicos. Mi tercera novia me había quitado la inocencia con respecto al trato con las suegras y parientes. Sentí nacer en mí las ganas de verla. Mi cuarta novia me había hurtado la capacidad de no gritar. Nos encontramos, conversamos y nos besamos. Mi quinta novia se había ido con las ganas de dormir con alguien. Nos desnudamos, nos abrazamos. Mi sexta novia era responsable por el agotamiento de mis lágrimas. Mi séptima novia estaba arriba y no pude evitar eyacular. No lo notó y continué con aquello, para que ambos arribáramos a buen puerto. Me sentí temblar de nuevo. El mayor placer que yo hubiera experimentado mojó las sábanas, las paredes, el techo, el aire. Se llevó mi cuerpo y todavía me queda lastre por echar.

República

La reina le dio un mate al rey. Parece que se quisiera dotar de realeza a la infusión pampeana. El título nos demuestra que no pasa de ser el final de un juego.

Transformación

El café era realmente acogedor. Luces tenues, mucha madera en la decoración, un fuego. La pareja se demostraba su amor en la medida que era posible dado el local. Pensó él que no estaría nada mal que el lugar se fuera adaptando a sus deseos. Y éstos empezaron a verse cumplidos. Las sillas se hicieron sillones y éstos se fueron haciendo cada vez más mullidos. La gente empezó a desaparecer y la música a atenuarse. Supo que todo conducía a la consumación del ardor. Advirtió que todo fluía según su gusto y pensó que por qué no perder unos kilos y ganar mejores facciones. Casi al mismo tiempo, la mujer se hizo más perfecta. La transición fue tan fácil que los amantes, en pleno abrazo amoroso, nunca sospecharon haber sido alguien que no está en una película. Mucho menos imaginaron que la transformación hubiera empezado en un duro suelo, bajo las rodillas de un cura.

Infinito

-¡Qué lindo lo que decís! –ironizó él.
-¡Qué lindo lo que decís! –ironizó ella.

Regalo

Un poeta, que había recibido un poema de regalo, manda un poema de regalo a otro poeta con una tarjeta que dice: “Tome, plagie”.

Corredores

Dios y el Diablo, corredores de las pistas de la mente, hacían dudar al propietario de ese cerebro. El Diablo ganó la carrera y el hombre decidió besar a la mujer, con quien, rato después, gozó como los dioses. En el cerebro de la mujer también había ganado el Diablo, por lo cual ésta se decidió a enamorarse e imaginar toda una relación con el pobre diablo que la había besado. Sufrió como una condenada cuando, un mes después, luego de conocer su familia y sus amigos, él decidiera que no estaba enamorado por lo cual quería cortar la relación. Dios, que había corrido por compromiso en las dos carreras, se dispuso a impartir castigos: desesperación para ella y culpa para él. Mientras tanto, el Diablo se ganaba el Cielo con una admirable dedicación al entrenamiento.

Matrimonio

Dios y el Diablo estuvieron casados. Su separación no fue muy civilizada y tuvo como producto la creación de las civilizaciones, que son una casa que comparten sin siquiera paredes que los separen. Coinciden en contarle a sus hijos la peor versión acerca del otro. Pero, poco a poco, los hijos van creciendo y empieza a aceptarse de nuevo el matrimonio homosexual.

Alabanzas

Había visto como, en todas las lecturas de poesía a las que había concurrido, siempre se acercaba gente a felicitar al poeta, incluso a los malos poetas. Decidió no ser menos y se acercó a la lectora de ese día, de quien él nunca había escuchado hablar antes. Alabó la profundidad de los textos, lo aventurado de las imágenes y lo coherente del mundo poético, así como la vida que daba a los poemas la excelente declamación. Como broche de oro del panegírico, se animó a comparar la poética de su interlocutora con la de una afamada poetisa de décadas atrás. Se sintió cumplido y orgulloso. Minutos después, empezó la lectura.


Fidelidad

Dio instrucciones precisas al fotógrafo y tomó el ramo de flores. Amaba a su mujer con toda su alma, aunque ella constantemente desconfiara acerca de su fidelidad. Buscó con la vista un lugar en el que nada obstaculizara la foto e hizo señas al hombre de la cámara. Admiraba cada aspecto de su esposa, aunque le incomodaba ese defecto suyo que le impedía verla perfecta como en el tiempo de novios. Esperó y la mujer no tardó en llegar, provocativa y sonriente, como en un preámbulo del beso apasionado. Había decidido hacer algo para que su mujer fuera infalible. Cuando hubo un descanso en el beso, miró al fotógrafo escondido y, con una seña, le preguntó si había tomado las imágenes. Como el otro respondiera afirmativamente, se dio media vuelta y dejó a la mujer sola.
Días después, sentía nuevamente que su mujer nunca fallaba mientras ella le reprochaba ácidamente su infidelidad, de la que se había enterado por unas fotos que le habían llegado en un anónimo.


Desafíos

El Diablo y Dios estaban desafiándose. La consigna fue crear la cosa más bella y compleja. Cuando Eva quedó pronta, el Diablo perdió el desafío y ganó poder.
Dios pidió revancha. Propuso crear la cosa más simple y más compleja a la vez. El Diablo, después de pensar un poco, creó el amor de Eva hacia Adán. Ganó el desafío y ganó poder.
Dios, cuya sabiduría está antes que todo, consiguió que el Diablo mandara en el mundo, se liberó de responsabilidades y se fue con su mujer de vacaciones.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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