Gortos

Una vez más, siguiendo la tónica del verano (sí, puede entenderse tónica como “acentuación”) estoy sufriendo en un cíber, en otro esta vez, de nuevo con cierto efeeme. Pero lo he logrado. ¡Persistid, oh agobiados!

Si vos lo vieras, gordo. Te olvidarías de tus problemas con el Plancha Néstor y de tus recaídas con la gorda, y de tus vaivenes con la Jézica, no de esos vaivenes sino de esos otros, te sentirías un superhéroe machote. Yo sé qué precisás unos toques en la autoestima que presumo puede estar un poco alicaída. Quizá tu silencio obedezca en parte, además de que comprendés intuitivamente la naturaleza vacua del universo, a que tenés miedo, gordo, estás un poco achuchado. ¡El melodrama argentino que podríamos hacer! Tendrías que gritar un poco y ser más reo y, lamentablemente, sólo podrías tomar mate en la mesa y con la caldera, a la que no en vano llaman pava. Sin dudas, el vino que te daríamos sería el más berreta porque, si lo fueras a rebajar con agua como hacen estos muchachos, no te podríamos dar uno de nuestros tannat. Imaginate qué asco: un vino con el gusto de la viña, del roble, hasta de la tierra, con burbujitas como la coca cola. Claro, tu suegra o tu madre sería esa actriz gorda que siempre hace de gorda y está especializada en enfocarle a la minúscula boca de los mates argentinos de utilería. Puede ser que sean gritones, pero algunos de ellos son macanudos, es como todo, las estadísticas lo dicen. El loco Gauss. ¡Cómo jugaba al fóbal el loco Gauss! Era de esos punteros de pelo largo y lacio, más bien del tipo ligero, esos que cuando estás parado por tu lateral sentís los talonazos en el piso y le ves el número cuando pasa, un número que no podría ser otro que el siete que, todos sabemos, ahora le corresponde a los herederos del mítico león perro Silva Cantera. Vamos a pensar en cómo podemos aprovechar todos los elementos: vos, mi ocupante gordo (¿te acordás de “mi amigo gordo”?), un mate argentino, un vino tannat que no dejo que tomes, el loco Gauss. Estuve viendo cortos cinematográficos en La Pedrera y seguí pensando en lo que habíamos hablado con mi amigo Peludo (el que me ve como un rambo pelado que lucha a dedazo limpio) sobre la narrativa visual. Dos o tres elementos bien combinados rinden y rinden. Nada de pretender explicar la aporía y el círculo hermenéutico en la sociedad masificada: tetas y autos que acompañan al amigo gordo. En La Pedrera vi un corto que se llama “Machos Marinos” de Guillermo Kloetzer, uruguayo, elegido mejor corto uruguayo y premiado por el público. Recursos: dos gordos salados, uno que hace de policía y tres buenas minas. El tema: actúan como si fueran lobos marinos, con aullidos incluidos. No falta violencia ni sexo, ni sexo violento. ¡Tenés que ver al macho rival cuando se dedica a un atriqui furibundo que debe acelerar porque se le viene el macho alfa! Bueno, a vos no te voy a poner a actuar con la Jézica porque la verdad es que no me interesan tus intimidades. Además, me motiva algo más social. No, al Plancha tampoco lo voy a incluir. Me afanaría los equipos, que ni siquiera los tengo todavía, pero seguro que uno de esos bancos que te dan unos créditos maravillosos no va a tardar en equiparme debidamente y cobrarme con decencia. Volviendo: vos mirás en la tele un documental sobre el fútbol uruguayo de principios de los noventa, Silva Cantera reluce en el Franzini y tala a un puntero ligerito, el Rambo y el Marito todavía son sólo niños infractores (eso lo sabemos pero no va en la película porque sería mucho laburo explicarlo), vos te vas a Argentina y sufrís porque no le podés enfocar al agujero del mate, la actriz gorda de rulitos te ayuda, te enamorás de una tetona (Evangelina Carrozzo o Moria Casán, depende de cuánto haya) que se pavonea adelante tuyo con cuanto porteño gil te imagines. En la tele hay partidos de Boca y publicidad de Red Megatone, que después aparece en el almacén del barrio en las consabidas camisetas de Boca, sí, pura boca. ¿Qué cosa osada podrías hacer, y a la vez patética? Mmm, ya sé: un piquete. Podrías juntarte con la gente de la pensión (porque vivís en una pensión, no sé si te dije) y cortar una calle de Buenos Aires reclamando algo, como ser cobrar sin laburar o algo de eso. Te vendría bien la protesta si considerás que acá en casa estás viviendo gratis y gastando el gas, la luz y el agua que de tan buen grado pago. No, no es reproche, nada más lejos de eso. En realidad no estoy preocupado porque te vayas a quedar vos con la Jézica (o la gorda y el Plancha Néstor, o todos) en calidad de ocupantes ilegales siendo que el contrato está firmado por éste que escribe. Me angustia un poco que les incomode joderme, así que quédense tranquilos nomás. No se me ocurre otra solución, porque ahora que me voy a mudar no voy a poder pagarme un lugar grande y, no se me vayan a ofender, pero la verdad es que no creo que tenga espacio para ustedes. Sepan disculpar, lo que pasa es que los alquileres en Maldonado son un clavo. Ahora que pienso, podría modificar el decorado de la película que vamos a hacer. Vas a tener que trabajar, aunque eso sólo implique que chupes mate como una bestia. La casa y sus circunstancias (su primitiva invasión y posterior ocupación) serían un marco ideal para desarrollar una historia. Te haría unos primeros planos de esos granitos…

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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