"No hace falta ningún tema", no dijo Vasil

Cuando le conté a Vasil el Mudancero de un libro que había leído,  me dijo que los únicos turcos que conocía eran los del Chuy y de rusos sólo había oído hablar de la Araña Negra, en lo cual no colocó alusión guarra alguna.

Recordé a Augusto Monterroso y a su fallido Fray Bartolomé Arrazola, que se creía más vivo que los indios. El cuento se llama “El eclipse” y es, para mí, de lo mejor que hay escrito en una página. Creo que tuve contacto con el relato por primera vez por medio de la voz de Omar Cerasuolo, un locutor de Radio Continental de Argentina. El tipo leía poemas y cuentos por una de las radios más escuchadas del país allende el aire. Tal vez porque a todos nos guste escuchar un cuento amodorrante, aunque en su pretensión eclipsadora termine por provocar una explosión de luz. Como podrán suponer, hablé del eclipse de luna con Vasil, quien se sintió aliviado al saber que había sido un eclipse y no un enrojecimiento de sus ojos por haberse levantado muy temprano. Yo no vi el eclipse, por lo que no aparecen en este ínfimo tratado astronómico las fotos del durante sino las del antes y el después. La primera, llenándose. La segunda, llena y eclipsada por la perspectiva.

Hablando de ojos rojos, me acordé del intendente Óscar de los Santos. Cuando fui el otro día a sacar tres fotocopias locas al local que está frente al Cuartel de Dragones, la boxeadora estaba ocupadísima contando lo que resultó ser como quinientas copias donde cada tanto se veían membretes de la intendencia de Maldonado. Calculé puterío. Las dos personas obesísimas, un hombre y una mujer, que pagaron las fotocopias entre los dos se fueron y me puse a escuchar la descarga de la vapuleada empleada. La boxeadora que una vez me quiso vender (no me acuerdo si le compré) una rifa de un club de boxeo. Mi inferencia fue inmediata y se vio reforzada días más tarde por un ojo en compota. Calculé que habría cobrado encima del ring. Lo único que no me convencía era el aspecto flacucho de la mina, que parece tener fuerza más que nada para patearse las ojeras. Pero, a raíz de que me preguntó acerca de mi profesión, ahora supongo que no le dieron palo en un ring sino en cualquier otra parte. Cuando supo a qué me dedico, me pidió que le escribiera en un papel que la propina no está incluida. “A gorjeta nao está incluida” le escribí. (los brasileros no acostumbran dejar propina porque piensan que ésta va incorporada en el precio). Después de preguntarle en qué restaurante trabaja y de que me dijera que en uno de la Barra aproveché a mandar un uppercut: “vos sos boxeadora, ¿no?”. Su respuesta negativa me hizo rebuscar en el baúl de excusas, de donde extraje el recuerdo de la rifa y un programa de televisión. El ojo hecho mierda no fue mencionado pero imagino que ella lo debe haber recordado. Vasil me dijo que la conocía, que incluso había tenido unos viajes en camión con ella. Pero bien, porque la arrimó varias veces hasta la Barra. Y debí renunciar a mis inferencias cuando Vasil me relató el lance. Parece que fue ella misma la que avanzó sobre la palanca de cambios y se la enchufó en el ojo en medio de una frenada.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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