Gritaba frente al mar

Gritaba frente al mar con un rugido de pasto,
sé que fue poesía aunque sólo queda
una “a” larga como varias “efes” acostadas,
arrastradas por la arena azul que olea.
Los ojos cerrados para olvidar la luz
que sólo produce ajedreces carnavalescos.
Se oye el intestino gris procesando
la mierda del día,
los destellos gaseosos de luz para expulsar.

Dejé caer la copa hasta la raíz del sueño
y llovieron los alfileres de espejos
con silbidos de cobra emplumada
soltando un tango enrollado en la noche de plomo liviano.
Por eso en la India cantan mantras
y María se asombra de cómo zumba el viento en las chapas,
la noche croa y mañana va a llover.
Soy adicto al sol
y el mantra es un mugido infinito
que aúllan los ojos como perros de ciudades
negras y húmedas.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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