Capa sobre capa

Bueno...

Escuchaba en la radio que se busca perfeccionar el lenguaje en las computadoras. Léase traductores, programas que respondan preguntas, correctores ortográficos y sintácticos. Se recordó la torpeza del corrector de Word y el método que tiene Google para encontrar cosas. Se reparó en la importancia del contexto para entender el significado de una palabra, eso sin mencionar la paronomasia interlingüística o dialectal. Si no me cree, vaya a Chile diga que son las “siete y pico”. Los significados son arbitrarios con respecto a los significantes y llegan a marcar rígidas fronteras entre clases sociales. Dígale “gurí” a un adolescente rico de un colegio caro de Punta del Este y observe sus facciones contraídas, en contra de lo que sería la distensión de las de uno de clase media o baja de Maldonado.
El lenguaje es la manifestación del pensamiento humano, por demás caótico y muchas veces siquiera merecedor del rótulo “pensamiento”. La capacidad creativa tiene su forma más brillante en la metáfora y toda su tropa de tropos asociados, que estallan en la poesía. O se desinflan cuando la cosa se ha puesto muy barroca. Como en la publicidad y los intentos de venta en general, que llenan los envases de contornos connotativos en intentos de camuflarse de felicidad, satisfacción sexual, religiosidad, etcétera. También vi un ejemplo en la radio (sí, lo vi) en un aviso de suavizante, donde una voz que oficiaba de cliente preguntaba si tenía un suavizante que mejorara el carácter hosco de su hermana, ya que el comprado anteriormente no le había hecho ni mella. La voz del locutor explicaba que su suavizante se limitaba a suavizar y perfumar. A la pasada, suavemente, insertaba el lema de la empresa, que hacía de lo simple un motor.
Efecto acordeón: primero llamamos al pan pan y al vino vino, segundo decimos que uno es el cuerpo y otro la sangre, luego volvemos a lo simple. Sin embargo, se vuelve por otros caminos de notas, se cae al pasado que es futuro en cataratas. Lo simple de hoy es el fruto del barroco de ayer y el barroco de mañana será producto del rococó que surgió de un arte despojado. No existe el discurso ingenuo si es inteligente. Por eso es que callo mis comentarios acerca de la película traducida al español como “Retrato de una pasión” y dejo la voz a Vasil, que tiene mucho que decir:

La tal película “Fur”
(“Retrato de una pasión”
traducida al español)
es de un intenso pelaje
según luce en el montaje.

Claro está que pa montar
le afeitaron los ropajes
al Roberto Downey Júnior,
un pedazo’e personaje
disfrazao’e lobizón.

linda

Al comienzo’e la función
se vio un desfile de cueros
retratao por el vikingo
del marido’e la Nicole,
quien con otro cantó bingo.

Una troja de figuras
por lo raras llamativas
salió del piso de arriba
rumbo a la casa de Diane,
representada por Kidman

y ella las fotografió
como a los que iban en bolas
no sin sacarse la ropa
y conversarlos un rato
tal como fuera su trato.

Dicen que está basado
el film en hechos reales
de una famosa fotógrafa
de los Estados Unidos
que gustó mucho a Vasil.

(Obsérvese el verso final al mejor estilo del “Gauchito del Talud”, quien se refiere a sí mismo en tercera persona. De eso hablaba cuando me refería a la densidad poética de Vasil, que justo ese día renunció a concurrir al “Dancing Pamelita” para dejarnos estos versos.)

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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