Los viajes hacia la Barra

Pica el burrito disfrazado de rata atrás de un flautista que acaso ignore Hamelin 

He ido tomando entrenamiento y ya no me cansa las piernas hacer mudanzas en bicicleta. Lo que me desgasta más que nada son los cambios concepuales, aunque en el fondo la miseria es la misma. Si Gregoria (mi bici) hablara, podría denotar exaltada el rosario de pozos, pedregullos y frenadas que lleva desde el Biarritz hasta la Barra. Lo que ella no percibe para su suerte es el olor de la cañada inmóvil y podrida que marca el final de Maldonado Nuevo.
Interrumpo: Corridas hacia los dos lados, la agilidad de un empleado del supermercado saltando, el auto de los milicos que llega abrupto y se lleva al piche, esposado y con un paquete de galletitas verdoso entre las muñecas, además del consabido gorro de visera empinada.

Suelo recorrer la calle Simón del Pino, en igual sentido que Camino de los Gauchos pero flechada hacia el sur, trasfondo de su paralela. Le han brotado pozos en su camino al predio ferial, cuyas acacias se van poniendo bonitas a pesar del colchón de bolsas de náilon que giran en el otoño de la feria, ese evento semanal (con fechas extra en Navidad) en que las personas parecen verrugas gritonas.
Raras veces me meto a Maldonado, por lo que las más de las ocasiones gasto la cuadra de Avenida Aiguá que une Simón con Aparicio Saravia, en las noches la zona roja. La calle con nombre de prócer es una semirruta con un fraccionamiento “100% vendido” a un lado (con barracas instaladas e instalándose) y barracas en la otra ribera. A partir de la rotonda del Hípico empieza una zona roja diurna, al mismo tiempo que la reciente senda para bicicletas, la cual está terminando hoy en día en la rotonda del Beverly Hills (¿quién fue el asqueroso que bautizó ese barrio rico?), no de igual modo que las putas, extendidas hasta las cercanías de los puentes de la Barra (sendos camellos empatados de idiosincrasia gris). Vale señalar el degradé de las locas, que va de lo grotesco a lo francamente llamativo a medida que uno se aleja hacia el este. Ya de noche copan los travestis en el masculino barrio de las barracas. Pero retornemos a los puentes, ya que atravesarlos de gorro puede ser una idea vulnerable a unos vientos enrulados cacheteantes. Una vez cruzado un puente, se pasa por el edificio horrible fruto de excepciones a reglamentos municipales hechas por políticos de un partido primero y refrendadas después por quienes a ellas se oponían vocingleros. Se esquiva el regador que apunta siempre a la ruta y se hace lo propio con autos costosos cuando no ridículamente grandes. Se llega a la esquina en que Johnny declara que está con todos los curros antes de salir a conversarse a un porteño en busca de propiona al tiempo que increpa al flaco de culos de botella sin chaleco de cuidacoches porque hace cualquier macana al acomodar los autos. El negro además le arrima clientes al cerrajero que dejó el cartel a dos cuadras de su casa y dice que cierto político vernáculo gusta de tomar por las dos últimas sílabas de la palabra fea que escribí recién.
Como sabe que estoy laburando y no le ocupo mucho lugar con la bicicleta, Johnny no me complica en mi laburo de acarrear libros. Resulta que un día lo llaman a Vasil para hacer una mudanza porque sabían que yo estaba haciendo el trabajo en bici. Querían mudar una biblioteca hasta la Barra. Acordaron que Vasil llevaba el mueble en el camión pero de ninguna manera aceptaron que sus libros viajaran en camión. Prefirieron los lentos y laboriosos viajes míos en bicicleta porque opinan que los libros deben estar rodeados de sacrificios si es que de ellos se quiere extraer la esencia depurada del arte, y que antes los mudaban ellos pero que ahora el cuerpo no les da. Me dijeron cuando hablaron conmigo que habían decidido optar por mis servicios porque sabían de mi gusto por la lectura.
Mejor no hablar de todos los viajes que hice y los granitos que me salieron. Me quedo con la alegría del libro de Mankell que me regalaron. Voy por la página 288 y lo estoy disfrutando mucho.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en narrativa propia. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Los viajes hacia la Barra

  1. CresceNet dijo:

    >Gostei muito desse post e seu blog é muito interessante, vou passar por aqui sempre =) Depois dá uma passada lá no meu site, que é sobre o CresceNet, espero que goste. O endereço dele é http://www.provedorcrescenet.com . Um abraço.

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