El lenguaje del novelista

El lenguaje del novelista, en conflicto, resolvió paralizar sus actividades. El narrador, un tipo con iniciativa, se hizo de un montón de palabras esquirolas y se dedicó a la poesía, gastando los cartuchos de credibilidad obtenidos a partir de su connotada actividad narrativa. Pero, como su mezquindad persistiera, muchas de las rompehuelgas acabaron por formar un nuevo sindicato que ocupó las medidas de los sonetos industriales. El ahora poeta, en una muestra más de su adaptabilidad, optó por lo que pomposamente llamó “versos libres”, aunque la existencia de sus poemas estaba condicionada al magro salario que pagaba a sus carneritas. Como podrá suponer el lector inteligente, fatalmente sus últimas palabras lo abandonaron por un puesto laboral más seguro y mejor remunerado en un programa de chismes en el que, entre otras cosas, no hablaron de él.
Se preguntará también el lector avezado cuál fue la raíz de la escalada gremial. También se lo responderá porque, lamentablemente, no podemos atender su solicitud en el momento por falta de insumos.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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Una respuesta a El lenguaje del novelista

  1. >importa más el insumo, sume o no.

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