Del caldo primordial a la adopción gay

 

Mientras leía “La nueva California”, del brasilero Lima Barreto, agradecía la traducción de Pablo Rocca cuando preservaba la palabra “cismar”, aduciendo a pie de página la presencia de la misma en la zona fronteriza. Me tocó en los recuerdos de mi padre hablando de mi abuela rutinariamente hipocondríaca, que cismaba pensando en enfermedades. Banda Oriental está editando unos muy lindos libros con todo y solapa, además de los habituales prólogos. Los cuentos de Lima Barreto me parecieron desparejos, sobre todo porque hubo dos o tres muy buenos, como el del diputado mediocre a quien su mujer le escribía los discursos brillantes. O el de los ladrones de huesos.
A veces la emoción estética llega por otros lados, y ahora fue por el lado de la genealogía de los seres unicelulares. Siempre es bueno echarle una ojeada al árbol… Al darle clases particulares de Biología a alguien que se desgañitaba frente al papel, aprendí que ya no estamos estancados en aquello de eucariotas y procariotas sino que hay otro tipo de unicelulares: los “Archaea”. Supe, a su vez, que los cloroplastos y las mitocondrias, organelos de enjundia libresca, son el vestigio de células que en un momento determinado se transformaron en simbiontes de otras y que les transfirieron el adeéne. Me enteré de que la teoría Darwiniana según la cual todo parte de una única célula se ha desmoronado. En el comienzo, fue la orgía intercelular, el más abigarrado intercambio de material genético posible. (Y después en el programa de Sara Perrone se asustan de que dos frescos adopten unas criaturas.)
Ese fue el paréntesis refrescante en la lectura absorbente de “Tokio Blues” de Haruki Murakami, un libro que parece la historia boluda de un joven veinteañero que se masturba pero que termina siendo un retrato de esos japoneses laburadores y encorsetados aunque la pongan como el que más. Y te atrapa, quizá en gran parte a raíz del momento en que menciona a Uruguay, aunque lo haga como un lugar donde pulula la mierda de equino. Unas páginas más adelante, te enterás de que el padre de la personaje que se había venido a Uruguay era en realidad un enfermo terminal que se cagaba más feo que un caballo. Un crítico sagaz diría que Uruguay, una vez más, es la metáfora de la decadencia. Ahora bien, quizá Murakami no habría usado nuestro nombre si hubiera visto el programa de Sarita anoche. Su belleza contribuyó al espanto de programa que conduce. Y, después de todo, puedo silbar “Norwegian Wood”.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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2 respuestas a Del caldo primordial a la adopción gay

  1. Freakybully dijo:

    >Todo el mundo comenta sobre ese programa.Y yo como un pelotudo estaba haciendo un trabajo para la facultad.Me hubiese gustado verlo.Saludoz, Don Ignacio.

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  2. Ignacio dijo:

    >es deleznable…, gracias por pasar

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