Inverno em Porto Alegre

Caminar por las calles atestadas de Porto Alegre no apaga en el visitante las claves policiales. Una ciudad húmeda de veredas angostas, repechos agudos y gente alienada que se te tira a partir. Los comercios que cierran a las ocho de la noche (incluso la cadena de M…) sugieren que la capital gaúcha no favorece el libre tránsito de señoritas en horas nocturnas. Las placitas triangulares fosforecen por la gramilla brasilera y abundan las acacias y las tipas. Unas palmeras altas recuerdan, en una plaza céntrica, a unas congéneres puestas de plantón en la Plaza Independencia de Montevideo. Al querer comprar películas brasileras pirateadas, tuvimos que someternos a un dispositivo de dribbling a las autoridades que consistió en a) hablar con el que pregonaba “devedé, devedé” para consultar qué había, b) esperar que una mujer fuera a algún lugar a buscar el producto y c) realizar la transacción pagando los siete reales y escondiendo el disco tras la sugerencia asustada del dealer. Quiso la coincidencia cósmica que, al ver las películas, resultara una de ellas ambientada firmemente en el submundo del tráfico y la otra pegaba en el palo.
Luís Fernando Veríssimo es uno de esos autores que siempre venden lo que publican. Sin ser Coelho. Cultiva la crónica humorística y ha creado algunos personajes con vida propia. Uno de ellos es el “Analista de Bagé”, un freudiano ortodoxo de los que andan con la bandera que no por ello reniega de la idiosincracia gaúcha: “los locos se curan con el lazo” o “no toda mujer es vaca pero toda vaca es mujer”. “Meu nome é Mort. Ed Mort. Sou detetive particular. Pelo menos isso é o que está escrito numa plaqueta na minha porta.” Eso es lo que dice el otro personaje estrella, que resuelve sus casos en Porto Alegre y nunca le pagan. Está arruinado y las clientas –hermosísimas mujeres que buscan maridos desaparecidos- no le pagan nunca. Aunque, está claro, estos dos personajes no son más que los abanderados de una runfla de textos breves y adictivos donde el humor se pone al alcance de un lector medio desde una pluna cortante y culta.
En el otro rincón, proveniente del interior gaúcho y sindicado como heredero literario de Erico Veríssimo, Tabajara Ruas. El tal Veríssimo, hay que decirlo, es señalado como el más grande escritor de Rio Grande do Sul y es el padre de Luis Fernando. “A região submersa” de Tabajara nos sitúa en Porto una vez más. De nuevo con un detective: Cid Espigão. Fundido, instalado en una galería y vecino de Lolo, el inefable peluquero gay. Todo empieza cuando una mujer hermosa lo contrata para buscar a su hijo Sérgio. La trama se ve caricaturesca al principio, tanto que se hacía inevitable el recuerdo de Ed Mort. No obstante, las páginas pasadas a la carrera empiezan a justificar la inclusión de la novela en la Coleção Negra de la Editora Record. Todo se va haciendo turbio y los personajes aparecen como de la nada, así como el yacaré que después va a reptar por toda el argumento. Como por ensalmo también empiezan a llover divertidas y mordaces críticas hacia el oscurantismo político de la época. La novela hace un viaje desde el policial esquemático con toques humorísticos hacia el espionaje, sin olvidar la crítica social. Todos los elementos mencionados se suceden y/o coexisten armónizados por una escritura muy buena. Una muestra: “A noite mostra a vertical beleza de um copo de leite sobre uma mesa recém-lavada.” También podría extenderme, si mi rol fuera el de crítico denso, en la utilización del paradigma verbal al servicio del ritmo narrativo. Es un libro buffet. Todo está allí al servicio del paladar que lee.
Y eso es algo que comparten estos dos gaúchos: dan la impresión de apuntarle al lector y no a la crítica. Saben que la literatura, aun bajo la llovizna de Porto Alegre, es un show. Acá también llovizna…

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en Luis Fernando Veríssimo, narrativa propia, Porto Alegre, Tabajara Ruas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Inverno em Porto Alegre

  1. HUGO dijo:

    >No se te ocurra tomar la calle “Voluntarios da Patria” se te apareceran unas esculturales humanidades como dios las mandó al mundo.

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  2. Ignacio dijo:

    >fui de día y acompañado…

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