La joven acampa budista

La joven acampa budista.
Aun sin hacerlo, toma el mate de la tardecita,
como un hongo con historia familiar.
Hace resúmenes de sí misma al contar
que su padrastro ya fue su novio.
Desgrana, cuando el viento lo requiere,
esporas rígidas fosilizadas
como perlas de la herida.
Sólo el pelo le llora lacio como un sauce,
salto de agua negra limpia
brotada de la raíz de estos campos.
Por ella habrían nacido los sauces tranquilos
en los cuentos con fuego central.
Se comunica con el eucaliptus occidental
y dice la tragedia callada en la madera,
sabe que tragará instituciones
en los capilares. Como una concha,
cierra los labios.
Sólo los abre para soltar perfecciones.
Respira sin cumbia ni motos la vida,
a veces parece que quiere decirme
los engranajes de su joyería.
Intento responder con jugadas dignas
de mis piezas blancas.
La hoja lenta, torre defensiva,
termina ganando la partida del goteo.
Un híbrido de poniente y plantío artificial
me informa de su forma de jugar,
le intuyo los pasos ajenos a mí,
sé que ya es mujer
y que a nadie le importa.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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2 respuestas a La joven acampa budista

  1. Jhonny dijo:

    >Estabas inspirado por presencia femenina, vate del Olimar? Bueno, como casi siempre nos pasa a muchos.

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  2. Ignacio dijo:

    >una alumna… y me descubrí una mirada paternal que me ha ido creciendo como un quiste hidático con los años de dar clase…

    Me gusta

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