Desdichado el árbol

…al dolor de seguir vivo, que es lo bueno que tiene el dolor…”L.V.P.

Dicen que la vida es un valle de lágrimas, una especie de encrucijada fatal donde confluyen los sufrimientos y hay que elegir entre dolor y dolor, alentados por la creencia de que hay formas de escoger senderos más aliviados. Para que el engaño de suponer zonas despobladas de miserias pueda florecer, es necesaria la imperfección de los sentidos y la consciencia. Los primeros son sensibles al engaño terrenal, crédulos por obra de la selección natural, que sólo deja sobrevivir a los que, de una u otra manera, admiten el engaño. La segunda, hija al principio de los sentidos, desprendida luego de ellos en sutiles raciocinios, elucubra inventos tales como el amor, el libre albedrío y la justicia social, y permite que, engañados, sobrevivamos, e, incluso, demos en contar nuestras historias. Todo son mentiras, pero hay que contarlas porque de lo contrario, entonces sí que no existimos. Y son mucho mejores los relatos que sirven para algo, aunque más no sea para generar otro relato.
Andaba yo por el centro de Vimonte, hecho pedazos. Buscar trabajo es uno de los trabajos más cansadores, a la vez que de los menos fructíferos. Había recorrido toda una serie de lugares que aparecían en los clasificados, en los que me atendieron con el habitual gesto desalentador. Con hambre, los pies destrozados por unos zapatos opresores, sudoroso por culpa del encierro de una corbata y un dolor pertinaz en la rodilla izquierda que me recordaba un infausto partido de fútbol en una cancha poceada, resolví sentarme en un banco de la Plaza del Lío. Todos los bancos de la sombra estaban ocupados. Contra mi costumbre, impulsado por el cansancio, resolví ubicarme en un banco ocupado. El hombre que leía el diario dejaba un espacio prudencial a su izquierda que me permitía sentarme. Dejé caer mi cuerpo como una bolsa de papas y empecé, casi automáticamente, a desatarme el nudo de la corbata. Estaba abriendo mi portafolios, parte de la impostura para aparentar seriedad, con el fin de mirar en los clasificados por si me quedaba algún lugar al cual aún no hubiera ido, cuando, de atrás del diario, surgió un gruñido.
-¡No sea malo!
Lo primero que pensé fue que la exclamación iba de alguna manera dirigida a mí, pero, razonando un poco, imaginé que estaría leyendo las declaraciones de algún político o, tal vez, el comentario del partido del domingo. Me hice el bobo y seguí en lo mío, hasta que, poniendo el diario sobre las rodillas y dirigiéndose a mí, me increpó.
-¡No me joda compañero!
-Pare un poquito, no sea malo.- atiné a defenderme, sorprendido por la actitud del hombre- yo no le hice nada.
-Eso es lo que usted piensa, pero me está rompiendo las bolas- reafirmó, ya grosero.
-Pero, si lo único que hice fue sentarme aquí porque venía cansado, ni le hablé siquiera, me senté nomás porque quería aliviar los pies.
-¿Y no tenía otro banco para sentarse?
-No, estaban todos ocupados y, los otros, al rayo del sol.
-La gran puta –empezó a imprecar- ¡será posible! ¡me vengo a la plaza porque la vecina estaba con dolor de muelas y al vecino de al lado le vino un ataque al hígado de la gran flauta y ahora me aparece usted!
-¿Y yo qué tengo que ver con las enfermedades de los vecinos suyos?
-Ah, tiene sí. A todos les duele algo. ¿Sabe cómo me tiene la rodilla? Aparte, me vine con esta camisa que es fresquita y ahora me pongo a sudar como tapa de olla, me puse las alpargatas para andar cómodo y me duelen los dedos como si hubiera caminado toda la mañana. Hay que tener un poco de consideración con los demás. ¿Sabe todo lo que tengo que aguantar? ¡Uno no puede andar tranquilo!
Al principio, pensaba seguir retrucándole, pero quedé atónito después de la parrafada del hombre, que describía mis dolores tal como yo los sentía. Quedé mirándolo, sin saber qué hacer o decir, hasta que pareció calmarse un poco.
-Disculpe, no es su culpa…-murmuró.
-Claro que no- confirmé, envalentonado.
-Desde chico me pasa esto- empezó –Fui el primero en saber del embarazo de mi madre cuando iba a nacer mi hermano. Claro que yo era un niño y no podía entender qué eran esas náuseas que le venían a mamá, que en paz descanse. Ahora, me doy cuenta en seguida cuando una mujer está embarazada.
-No entiendo.
-Y ojalá no llegue a entenderlo como yo lo he comprendido. Yo sé lo que es un infarto…-dijo, ahora sollozando- Estaba jugando, al lado de mi padre, cuando murió. Es mentira eso de que es una muerte sin dolor. Dura poco, es cierto, pero es un dolor infinito mientras dura, más para un niño. Discúlpeme que lo haya insultado, lo que pasa es que he tenido un día horrible. Anoche no pude dormir por el dolor de muelas de mi vecina, encima, el vecino casi se pela…Desde que me mudé a este apartamento de mierda. Son casi todos viejos, y, si no están enfermos, se caen y se fracturan. Ya van tres en dos años. Podrido me tienen.
-Ah…- acerté a suspirar, comprensivo.
-Me vine a esta plaza porque, dentro de todo, a pesar de estar lleno de gente, son casi todos jóvenes así como usted que andan buscando trabajo. ¿Anda en las mismas?
-Sí, como casi todos.
-Está brava la cosa, pero no es nada… El otro día pasé por Cruces Rojas y casi me muero, le juro que pensé que no contaba el cuento, hacía tiempo que no pasaba por la zona hospitalaria, es un dolor espantoso. Por todos lados es lo mismo, al que no le duele esto, le duele lo otro, y no tengo un mango como para irme al interior que hay menos gente, al campo, ¿vio?, que ahí no hay nadie.
-Disculpe, no pensé que me dolieran tanto los pies, si hubiera sabido…
-Yo exageré porque la verdad es que he pasado mal, pero lo suyo no es tanto, si supiera lo que es subir a un ómnibus…
-Lo compadezco –le dije, ya conmiserado por las penurias del hombre. –debe ser una vida fea la suya
-Sí, en general sí, pero, hay alivios.
-¿Alivios?
-Sí, el año pasado hubo unos estudiantes del interior en el edificio. Eran cuatro, creo. Iban las novias y entonces yo pasaba un buen rato. A veces toda la noche, y hasta de día. Me acuerdo una vez que hubo paro en la Universidad y se quedaban todo el día. Por desgracia se mudaron. Ahora hay un tipo que vive con acidez y tiene insomnio. Una de cal y otra de arena, ¡en fin…! Como el matrimonio. ¿Usted es casado?
-Soy sí, hace tres años, pero la cosa no anda muy bien- admití, porque ya, después de oír tantas confidencias, me sentí inclinado a mostrar mis sentimientos.
-Pero lo suyo no es nada. Yo también estuve casado. Le juro que la quería tanto que ni siquiera me molestaba cuando le dolían los ovarios o cuando se resfriaba. Había algo que compensaba todo. Yo era bueno…- dijo, con una risita socarrona – y mire que no soy fanfarrón. Lo que pasa es que cuando uno sabe…¿me entiende?- guiñó un ojo, apelando a mi complicidad -…el sueño de todo hombre…, aunque muchos no lo quieran confesar. Pero lo bueno dura poco. Un día le tuve que decir que fuera al médico porque tenía un dolor en el pecho, y ella me decía que no, que no era nada, y cada vez me dolía más, y andá, y ya voy a ir, que sos un exagerado, que después, que ésto, que lo otro, hasta que, cuando fue, ya no se pudo hacer nada, dolió más el tratamiento ése de porquería- sollozaba de nuevo – y un día no sentí más dolor, pero me dolió mucho que no me doliera más…
-Supongo que se debe sentir solo, ¿tiene hijos?
-No, no, no me animé a tener hijos. Imaginaba los dolores que podía llegar a sentir, y nunca me arriesgué. Ahora pienso que quizá habría valido la pena el dolor, aunque más no fuera para conservar algún recuerdo vivo de mi mujer…
-¿No pensó en conseguir una compañera?
-Creo que no podría, aunque extraño mucho la compañía y, dios me perdone, más que todo, extraño…, bueno, usted sabe…
-Pero…,- le hice un gesto como el que hace un cínico que se jacta de conocer el mundo –usted sabe que eso se puede conseguir, hay que poner, pero, cuando no hay pan…
-No se compara- respondió, meneando la cabeza, con aire de saber con mucha precisión de qué estaba hablando –No hay eso. Hay dolor. Uno sólo se siente a sí mismo, y, solos, no somos nada.
-Realmente, lo siento mucho por usted.-dije, sin decir.
-Deje, no se preocupe, toda mi vida he sido así. Creo que lo único que me haría falta sería mudarme. Los mismos dolores mucho tiempo pueden llegar a enfermarme de veras, aunque nunca he estado enfermo yo mismo. ¿No tenía el “Gallito” ahí?
-Sí, había señalado algunos lugares que pedían gente, por si podía conseguir un laburo porque me echaron, pero ahora que usted me cuenta todo eso, pienso que no es nada, por lo menos me duele sólo la rodilla. Espere un poquito que podemos buscar.
Pasamos un rato largo buscando en la sección de inmuebles. Él quería alquilar algo por poca plata, pero todo lo que había eran edificios de apartamentos, de los cuales rehuía porque decía que sería la misma historia de siempre. Yo le explicaba que podía haber estudiantes, pero él parecía muy firme en su decisión de estar rodeado de poca gente, es decir, de pocos dolores. Después de un rato llegué a la conclusión de que nada de lo que pudiéramos encontrar le vendría bien. El azar quiso que una ráfaga de viento pasara la hoja contra mi voluntad, justo en una página donde figuraban unos avisos con letra algo diferente en los que se podía leer “Claro de luna”, “Villa Rosa”, “Oasis”, entre otros, que identifiqué como pertenecientes al ramo hotelero.
La cara del hombre se iluminó como no pensé que pudiera ocurrir cuando le sugerí qué vecindarios le convendrían. Le brillaron los ojos como gurí con juguete nuevo, y me pidió si no le daba el pedazo de diario. Se lo di todo, ya que había perdido las esperanzas de conseguir empleo. Me agradeció efusivamente y se fue, caminando con paso atlético. Por mi parte, descansé un rato en el que germinaron algunas meditaciones, a raíz de las que empecé a planificar la formulación de preguntas.

(Arquivo, de novo)

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en archivo, narrativa propia. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Desdichado el árbol

  1. >Lindo!! Fue raro el cambio abrupto de sentimientos que tuvo el señor al principio, pero es digno de alguien que está loco y que tiene muchos vecinos ancianos…Abrazo!!!A.A

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  2. Jhonny dijo:

    >Me gustó Nacho, me gustó. No aflojes con los cuentos y publicá hasta lo que te parezca que no vale la pena. Posteá y posteá y posteá. Un abrazo del otro lado del Océano.

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  3. Ignacio dijo:

    >Se agradece indulgencia. Abrazos.

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