Nos urge la parsimonia


(Cúmpleme advertir que, minutos antes de escribir lo que sigue, había visitado la casa/atelier/bar de Adrián Martínez Bojko en La Barra y que el arte que aflora allí es superior a la luna de utilería que presento a manera de burdo recuerdo del círculo de esa noche)

Nos urge la parsimonia al ver la luna pasando por el tragamonedas de gravedad.
Nos surge un sentimiento redondo, tallado en la madera dura del segundo, de ese mismo fragmento que se va trasladando como una guvia.
Nos ruge un planeta plano que gira con el viento mostrando su cara cambiante de calendario mayéutico.
¡Curvas lentas, curvas lentas! -gritan las pancartas esculpidas en los corazones que se escuchan a sí mismos.
Nos muge el pasto impávido, pide partos de luz,
la brizna que es brisa en el concreto.
El grito es de hormonas,
de pasos elásticos, de compás de berimbau que se desviste de la calma y reproduce a golpes de palo el palpitar que acabará acunado.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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