Arduos, en busca del equilibrio

 

El verano es una zona en la que algunos descansan y otros se cansan para descansar después. Soy del segundo grupo. Lo cual impide el crecimiento de enredaderas verbales, que se secan por exceso de pedaleo, que se taponean por siestas obligadas. No obstante lo dicho, se han recuperado algunos versos difíciles de calibrar, que recibirán aproximadamente la misma cantidad de indulgencias que de ordinario. Helos:

.

Cuidemos la extensión demográfica de nuestro deseo
porque puede transformarse en dardos de vacas muertas,
vigilemos también la televisación del contradeseo
porque los bovinos no se adaptan a la vida en cataratas.

Acerquemos a dios y al diablo al centro del espectro político,
no olvidemos que van a la misma fiesta de la vendimia,
reflexionemos sobre reflexionar demasiado,
sobre bajar al cielo verde la pelota esa a la que le dan manija
y estafemos con estilo a la ansiedad impositiva.

Escuchemos al que apesta y viceversa,
descartemos los consejos, las exhortaciones.

Porque se te trancó el chi, Guevara,
y te inundaron la inundación con gotas de plomo,
porque el ladrid insidioso del perro y la alarma de la camioneta
son los padres de la música de Babel,
de madera noruega, de Marisa, de guitarras españolas,

porque siempre hay días precipitados
que definen el brillo de las hojas de sol,
o por la razón simple de no embutirse otras voces en la cabeza que las que
afinan.

Tal vez lo adecuado sea algo que no conozco,
ajeno al sistema que intenta nombrarlo,
ninguém faz idéia de quém vem lá canta Lenine mientras copio el poema aquí,
un algo que no es algo, resistente a la quietud como una montaña,

pero que deja símbolos como
las

dos
mujeres

a las que hice gritar ayer
y
las otras dos que soñaron conmigo.

Gracias a un oportuno cambio con Andrés, mi compañero de laburo (acabo de corregir esta palabra: había tecleado “alburo”, poética), hoy tengo mi primer rato solo y en casa por la noche desde un inmemorial diciembre o noviembre. Y sin más obligación que la literatura, que se me hace urgente como ese calambre testicular que pide cancha. Después de leer con tiempo los blogs de los amigos, antes de cortarme el pelo, decidí pasar a este marco blanco lo poco que he versificado. Versos no blancos sino pálidos. Descarté la tele después de ver los goles, puse a Lenine y chapé la botella de cabernet sauvignon. Me encuentro narrando y confesando en un lugar donde no acostumbro a hacerlo, todo porque no sé bien cómo justificar un poema que quedó en dístico. Tal vez tenga que ver con cosas no resueltas y uno de mis mayores miedos como viajero. Y la sequía también tiene alguna relación.
 
 
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Los ojos como pezones me miran,
ruedo por un cuerpo de vidrio picado.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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