16 de marzo

 

La música flotaba libre por la casa de los vientos, a media altura, lenta como recuerdo deportivo. El pasto recién cortado resaltaba los crecimientos del zucará y el pitanguero, el tiempo era incienso. El café de la tarde transitaba hacia su ciclo, fresco y fluido, las botas nuevas salían otoñales. Las calles desembocaban en las calles, los lugares transcurrían lugarosos. En la casa de los humos, la víbora que debe ser se convertía en un sapo trancado, antiguo como babosa de infancia. Yo viajaba en un monte de brisa y Onetti quería volverse Buda.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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