Después de la Hero Puch

 

Nos iban a entrevistar unos del mismo canal en que trabajábamos, para hacer una promoción cuyo mensaje básicamente consistía en que nuestro programa de temporada seguía todo el año. A ella no la conocía porque, en una clara incoherencia con lo que acabo de decir, yo era nuevo allí. Me tocaba hacer una especie de suplencia. Estaba tranquilo, casi diría que de termo y mate. A ella se la veía movediza. Bajita, joven. La entrevista empezaba a demorarse, por lo que salimos a dar una vuelta en moto, en la Hero Puch de ella y sin casco. Recorrimos bastante, no exentos de riesgos y emociones, como cuando se metió por una bajadita de pedregullo carcomida por las lluvias recientes.
El paseo fue largo y breve. Volvimos al canal. Los entrevistadores parecían ocupados en algo que los demoraba. Ella hacía gestos de incomodidad, arqueaba la espalda. Intenté hacerle Reiki en las lumbares, a lo cual reaccionó con muestras de desagrado cada una de las dos veces que arrimé las manos. Salió disparada hacia el baño.
Alguno de los presentes percibió aquello verdoso parecido a una cagada de pájaro que figuraba en el asiento de madera.
-Se mueve -dijo uno
Era una especie de gusanito que coleteaba lento, viscoso.
Ella volvió.
-¡Guille! -dijo soltando el llanto -¡Guille! ¡Mi hijo!
-Estaba embarazada -masculló alguno.
Tuve certeza de que todo ese tiempo había estado sin bombacha.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en narrativa breve, narrativa propia. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s