Adelanto

 

Me llegó un correo en el que aparecía una lista de los microcuentos ganadores del concurso TCQ, organizado por una compañía telefónica que también oficia de órgano impositivo. Creo que había mandado alguno. Pero no figuraba ninguno de ellos entre los cien primeros. El que sí figuraba era Juan Rodríguez Laureano, que ganó la clasificación por equipos y el premio Sprinter, aunque el primer premio no le correspondió. No aparecer ahí me hizo pensar otra vez en la calidad de mis textos. Desconfié de nuevo de mi capacidad. Pero quedé solo en la noche y prendí una lámpara tenue. Empecé por uno de Lenine y continué con “Tango” de Vitor Ramil. Reenganché con 100.9, liquidé lo que quedaba de un Solar del Cuareim. Mientras tanto, escribía uno de los relatos que en algún momento figurarán bajo el título “El día en que Uruguay”. Ya sea que logre publicarlos por vías tradicionales o no. He aquí como empieza:
-Bien, entonces es mejor de lo que pensaba –dijo la señora Menéndez.
La plata era buena. Si no, no se movía por nada del mundo justo ese día. Aunque el trabajo escaseaba. Siempre es un trabajo que escasea. Lo sabía –antes que por la experiencia- por las historias de Ed Mort que leía allá en Rivera. Dirval, el amigo brasilero, era aficionado a los libros de Verissimo. A él lo impresionaban mucho más los cuentos de Ed Mort que los del Analista de Bagé. Había leído también una novela negra donde el investigador –Kid Espigão- terminaba involucrado una trama política en épocas de la dictadura donde el presidente era un robot. Esa era de Ruas. Una vez había ido a Porto Alegre solamente para recorrer las calles sórdidas del detective. Se metió en varias galerías para ver si encontraba un local que coincidiera con aquel cuchitril donde las cucarachas se reían de la desgracia del antihéroe, o con el otro antro que tenía como vecino al peluquero Lolo. No encontró nada. La idea de buscar en los clasificados de ZeroHora sólo le vino cuando iba cruzando el puente que lleva a la isla de Florianópolis y el calor lo anegó nada más bajar del ómnibus.
Siempre había vivido en un estado fronterizo. Tanto pensaba en portugués como en español y no tenía muy claro si era uruguayo o brasilero. Ese día era lo mismo. No sabía bien cuál de los cuadros quería que ganara. Le gustaban jugadores de los dos lados, sabían en qué cuadros habían hecho sus carreras, conocía pros y contras de los técnicos. Se inclinaba por Uruguay, que era el más débil, pero se acordaba de la galera gremista y le parecía verse con ellos en el Bar do Zeca tomando Brahmas. Sin embargo, eso no era un conflicto para él en esa final. Se trataba de ver o no el partido, porque el laburito que le pedían era uno de esos casos que quién te quita lo bailado.Precisamente fueron los clasificados los que excitaron su atención, …

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en Luis Fernando Veríssimo, Porto Alegre, T cuento Q, Tabajara Ruas. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Adelanto

  1. >Nacho, interesante, la verdad. Me quedé con muchas ganas de saber cómo sigue.Un abrazo.

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  2. Ignacio dijo:

    >Se negocia.

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