Decreto líquido

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Faltan lugares para sentarse al espejo.

Atento a lo expuesto, se resuelve
instalar una mesa de bar en casa,
con respaldo de sílabas
barnizadas de tronco tropical
bajo el cual se noten las raíces
de los parroquianos despeinados.
Considerando además los insomnios
del café y del alquiler,
se sugieren brisas de vuelo bajo
y montes de marisas
moviendo las manos tras
los contrastes de los líquidos
con los pimientos en danza.
A efectos del cumplimiento
de esta desregulación
se sugiere corazón
lleno y panza
abierta,
horas dedicadas al teclado
y a mirar las caras tristes
y contentas.
Se aconseja de igual modo
reparar en los destellos
de las gotas revenidas,
la lágrima difícil
y la meada torrencial.
Comuníquese a los lectores
de sí mismos y del mundo,
archívese en el saludo
que deriva en los acuerdos,
publíquese en la extensión de madera
de la mesa y de la silla.
Olvídese cuando el espejo
proponga la próxima ola.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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