Uno así no merece título


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Tu cabeza nunca tuvo
el orden de las cafeterías
de las terminales
ni el brillo de las medialunas
de plástico.
Nunca fueron tus brazos
refugio para temporales
sino temporal
para los refugios.
Pródiga en cervezas de reencuentro,
de no ser por tus tetas erizadas
te habría confundido
con un marinero
y no le estaría hablando ahora
a una mesa de pasajeros.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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