Anoche

Algo adentro de mí reclamaba este momento,
mi existencia macrobiótica
quería agarrarse cáncer de varios órganos a coro,
se le antojaba vivir en una orgía
aguardentosa y chancha,
algo que leí me insuflaba
el ánimo de la desesperación pareja,
hecha de primeros de junio
de sensaciones térmicas enanas,
de negrura granulada y raspabocas,
algo de ser un negro exiliado
de página negra metiendo la pinga
en desconsuelos,
algo de mi barco amarrado al
puerto suave de un amor de verdad
reclamaba vararse infernal en el
Cabo de la Buena Esperanza
con la boca seca añorando la Bols
cuyo porrón sólo atiné a tocar
como si fuera algo caro en un
free shop de aeropuerto,
algo de mí se encendía laberíntico
leyendo lo que escribieron sobre
el escritor al que sólo le interesaba
ese algo que te da insomnio
justo cuando hay que levantarse
a hacer papeleos de pura mieda,
algo me impulsaba a salir
descalzo a la calle fría y movida
por el viento que escracha los perros
contra los aleros,
un absurdo sin meta me guiaba
hacia la botellita de plástico
del Havana Club,
me decía que escribiera con una
linterna aunque fuera para
agarrarla más incómoda que el lápiz,
me incitaba a repetir mucho
una palabra y olvidarla
y repetirla y olvidarla,
hasta que el sueño, esa
boxeadora dulce e inconsciente,
me cogiera con toda su concha
desesperada y me regalara
el grito que me noqueara.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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2 respuestas a Anoche

  1. Jhonny dijo:

    >¡Epa! Conozco a un negro exiliado, lo tengo que soportar cada día. Che Nacho, te encajo esta pregunta que ahora me sale. Vos no soportás mucho el exceso de tristeza en la escritura, la mía no es precisamente alegre y sin embargo no la odiás. ¿Has pensado la razón?

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  2. Ignacio dijo:

    >Es que tampoco me parece particularmente triste. Me gusta la inteligencia y la imagen, y de eso hay bastante. Es verdad que tus temas son distintos a los míos y no son mis preferidos. Pero, en la poesía, me llama la atención más el cómo que el qué. Esos sonetones que gritan me pueden.Además, se trata del lado oscuro las más de las veces. ¿Por qué hablo de un "lado oscuro"? Porque las propias metáforas son necesariamente veladas o ambiguas. Pude haber dicho "lado oculto". Volviendo a tus poemas, creo que si me preguntaran de qué color son, diría que son negros (no me esforcé demasiado…) y la tristeza, al menos en mi cabeza, asume unos tonos grisáceos o parduzcos, gastados siempre. Tus poemas no son gastados. Me parece que brillan. Respuesta que ahora me sale, sin pensármelo demasiado.

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