La estética del disparate, y su ética.

Unas frutillas que se convierten en macaquitos en el fondo de una pelela, un hombre que paría árboles, un conquistador que se ve asediado por hordas de niños que crecen como cabezas de hidra, unas cucarachas que vienen del espacio exterior y ponen una heladería en el centro de Maldonado. Podríamos sumar a unos tipos que se dedican a pasear bestias, unas perras negras violadas o un juez de línea manco. La enumeración es la de los tópicos que Damián González Bertolino ha escrito, o quizá ha soñado y después ha escrito, porque se nota siempre en su ficción un trabajo furibundo del hemisferio derecho, que el izquierdo persigue a través de los años y probablemente nunca alcance. Los disparates le brotan como el pelo, pero con más arquitectura. El bolazo desmedido es para la narrativa damianesca lo que el agujero a la torta frita: el fundamento ontológico, un no ser que se roba los aplausos. Lo demás es harina. De más de cinco ceros, claro. Pero el producto de la paciente molienda literaria no existe en sus textos sin que el universo –siempre local- explote como un géiser y salpique la incomprensión de unos personajes que sólo tienen poder para no poder.
La misma sensación queda después de leer los dos relatos de “El increíble Springer”. Más que nada en la primera novela (en portugués se le llama así, en contraposición con el “romance”) uno se siente perplejo por la demesura, después de haber caído en una red de expectativas generadas por el gurí narrador. El lector se ve enfrentado a elegir cómo leer eso que está pasando. Vislumbro tres caminos: a) el lector no lector, b) el lector pasivo o c) el lector participante. El primero puede descartar el texto sin dilaciones. El segundo puede sonreír, seguir y olvidar. El lector participante busca desesperadamente unir la distancia entre lo inverosímil y lo que estadísticamente es real y decide que se ha topado con una metáfora de las grandes. Personificación para ser más específicos. Decide que el hecho pantagruélico de la historia se corresponde bastante bien con la desmesura que una sociedad ha vivido. Resuelve que esa es la forma en que muchas personas perciben los cambios a su alrededor: cosas muy grandes, inexplicables y que te bajan algún diente cuando no se juega la vida en ello. Relaciona lo leído con lo que otros habían pensado sobre “El astillero”, del aniversariante Onetti. Piensa que el segundo relato, una vez superado el escollo de la terminología golfística, presenta unas claves similares. Nota que una vez más la cuerda de la expectativa se va soltando de a poco, como si uno necesitara conocer los personajes para que el impacto que ellos sufren –que uno de ellos sufre- también sea un impacto en el lector, para que la situación absurda desnude una vez más esa cosa demente que llamamos realidad. Piensa, por último, que ha encontrado varios de los ingredientes que busca en un buen libro: conciencia, habilidad, risotadas.
Sabe, en párrafo aparte, que la ofensiva sobre las trabadas estructuras de la literatura uruguaya está sucediendo, que está siendo atacada por varios frentes, rindiéndole homenaje nada más que al oficio de contar, que si hay un buen cuento está el mundo adentro.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en Banda Oriental, Damián González Bertolino, Premio Nacional de Narrativa. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a La estética del disparate, y su ética.

  1. >¡Buen post! Espero con impaciencia un espacio libre para leer el libro de Damián.Creo que me calificaría como el lector del agujero de la torta frita que paría árboles en una bañera con frutillas macacas… ¿Era una categoría, no?Abrazo!A.A

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  2. >Ignacio:Al ser parte directamente implicada en todo esto considero que no vienen al caso mis comentarios, los que sí puedo hacerte llegar de forma personal o por mail. No quiero interferir en los subsiguientes comentarios con ningún concepto mío. Pero lo que te quiero decir es que vi una lectura atenta que agradezco profundamente, lo mismo que el hecho de que hubieras leído el libro tan pronto.Un abrazo grande y gracias de nuevo.

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  3. Ignacio dijo:

    >Archiduque: bueno, me parece que tu marco teórico… mmm… Dejemos los alcaloides de lado.Damián: Mi conducta entra de lo lógico. Estaba muy interesado en leer algo que suponía iba a ser una experiencia gratificante y sorprendente. Por el propio texto, al margen de las consideraciones acerca de su autor. Por otra parte, me quedo pensando en la diferencia abismal entre el escritor y el lector, ya que pergeñar eso que yo leí en unas horas fluidas debió costar mucho más.Y seguimos a los abrazos pelados.

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