Crónica de un sábado.

Era un sábado que tenía bastante de otros sábados, sin que todos los séptimos días sean iguales. Antes de las siete de la mañana estaba levantado diseñando una página de próximo estrépito. Había tenido una conversación el día anterior con Servando y nos habíamos dejado tentar por cierta nostalgia del Hongo. La charla fue en la esquina de Florida y Sarandí, contra la linga que convierte a la semipeatonal en peatonal pura. Quedó decidido que el primero que lo hiciera decidiría algunas cosas. (Debo reconocer que mi profesión me ha deformado al punto de que me gusta proponer). Ya se sabrá de eso. La cosa es que logré un diseño que me conformó bastante temprano, bastante antes de que llegara mi cuñada a tomar su segunda clase de la lengua de Camões y de Chico Buarque. Por ahora vamos en lo básico. Verbos en presente, contracciones de preposiciones y pronombres, vocabulario de arranque. Pero ya estoy afilando los sonetos de Vinicius para tirárselos por la cabeza. Cuando terminamos, más de dos horas después, la acompañé hasta la parada del ómnibus. Antes de que ella tuviera que salir corriendo para alcanzarlo, había tenido tiempo de contarme que iba con su prometido al partido que se jugaba en el Campus: Peñarol y Newell’s. Ya unos gurises en el liceo me habían preguntado si yo iba, cosa que no descarté en virtud del tiempo largo que llevo sin ir a algún partido de fóbal. Dije entre mí: “esto va a ser un partido de mierda pero capaz que los argentinos la mueven.” El día estaba lindo. Me improvisé unos fideos multicolores con aceite de oliva que digerí más o menos. Monté el birrodado, que decidí encadenar en la terminal de ómnibus. Cuando llegué al estadio no podía creer la cantidad de gente que hacía cola para sacar entrada. Me iba a perder los primeros minutos, fija. En la cola estaba Adrián con el viejo, hinchas rabiosos de Atlético Fernandino, que está jugando las finales del interior. Unos minutos después, en las escaleras caracol cuadradas de acceso a las tribunas, éste que firma le sugería a un descerebrado de Peñarol que saltara para llegar más rápido. Soy un osado. Un tipo de esos es capaz de hacerlo, aunque justo ese era cauto y declaró “pará, mvo, espáiderman é en joli-u” (transcripción más o menos fonética). Seguro que él se dirigió a la tribuna cabecera, bastante llena de gente gritando esas cosas que ellos gritan. Yo doblé hacia la izquierda, a la tribuna principal, la Norte. Debo reconocer que me cuesta gritar y mirar el partido a la vez. Incluso, ¿qué iba a gritar?
Un tiro libre cerca del área. Pacheco atrás de la pelota. La ejecución se traslada en el tiempo. Se demora un poco más. Gol del Toni, dice uno. El pony la tira afuera, por encima del horizontal. Avanzo unos metros. Aparece el Marcelo con unos amigos. Y el mate. Recorremos la tribuna longitudinalmente para llegar al otro extremo, sobre la otra cabecera que sólo salpican de rojo unos muchachos de probable origen rosarino. Pasa Adrián con el viejo por al lado y sigue unos escalones más arriba. La intelectualidad ha copado ese sector de la tribuna. Aparece Santiago Dentone con el niño, pobrecito, con un gorro de Peñarol. Me doy vuelta para decirle algo y todo el mundo grita. ¿Existe una frustación mayor que perderse un gol en la cancha? Definitivamente, la costumbre de la televisión no nos prepara para la vida. Esta última se encarga de que un partido anodino jugado en el medio de la cancha y sin más atractivos que una pisadita de Pacheco –antes de sentarme- tuviera un gol que surgió de un amontonamiento de hombres en el área rosarina, abajo de la hinchada que gritaba. Si he de ser sincero, conversar y mirar el partido al mismo tiempo tampoco puedo hacerlo muy bien. Debe ser por eso que me acuerdo más de que uno en la vuelta dijo que llevar al niño al fútbol era una buena excusa para salir de casa. También me acuerdo que con el Marcelo hablábamos de metros cuadrados y de dólares. Que hablaban por teléfono con otro amigo que estaba por llegar, el que después contó que, en el 94, cuando el Campus estaba construyéndose, había unos lugares bárbaros para apretar con chiquilinas. Pero eso lo relató después de los hechos. En una, un fau en el medio de la cancha y se forma el racimo. Yo creo que los negros que corren los cien metros no son tan rápidos como los jugadores a la hora de ir a cacarear o, como el golero de Peñarol, de patear a uno que está en el piso. Se suman los suplentes de uno y otro bando. El disturbio dura un tiempito, tras el cual los cuadros se distinguen sobre el campo maltratado por las heladas. El grupito de rojo y negro se aparta. Se van. ¿Se van? ¡Se van! No ha terminado el primer tiempo y el partido queda decapitado. ¿Cuánto podría considerarse que aproveché de los cincuenta pesos de la entrada? Los que gritan reaccionan como saben: gritan. Algunos de ellos están en la tribuna Sur, prácticamente vacía (debe ser para que se vea azul en la tele) y corren todo su ancho para ir a tirarles piedras a los niños de rojo de la cabecera Este. Atención que se viene una verdad antropológica: mientras más evoluciona el ser humano, más utiliza las partes primitivas del cerebro, las que regulan la comida, la huida, el ataque, la reproducción (aunque no necesariamente el placer). Guarda que se viene otra: ¿qué cifra daría el censo nacional de idiotas? Creo que sería una verdad tan gritona que ningún político querría darlo a conocer, porque son su principal activo.
Pensé en calentarme, lo admito. Tuve el impulso de considerar perdidos los cincuenta pesos. Pero consideré que pagar cincuenta pesos por el poema que voy a escribir no es tan caro, si se tiene en cuenta que hay quienes han dado la vida o la cordura como abono para el arte.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en fútbol uruguayo. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Crónica de un sábado.

  1. Anonymous dijo:

    >Què impresionante que hayas estado ahì, vo! Cuando me enterè que fue en el Campus, no lo posìa creer. Me acordè de todas las veces que fui al campus. Me dieron ganas de estar ahí, un estadio del que se ve bien desde cualquier parte.Los futbolistas se pelean como locas. No saben pelear. Capaz que por eso me da bronca cada vez que se agarran.Igual, acà hay algo de fondo, nacho: algo entre argentina y uruguay que viene desde el partido en cancha de river, pasando por lo de Bergessio en colonia. Mirà que son pelotudos eh!Abrazo!Nacho

    Me gusta

  2. >Para mí el problema acá es Ribas… Ese tipo se tiene que ir de Peñarol. Los jugadores están pasados de rosca. No son ratas de laboratorio que tengan que ser entrenados psicológicamente con métedos tipo Gestapo. ¡No sean malos! Eso no es la pasión. Una vergüenza todo… Una vergüenza por toda los chicos que vi antes del partido que estaban por entrar al estadio.

    Me gusta

  3. >Mientras pasaba todo el acontecimiento futbolístico, nosotros le brindamos un gran homenaje a Los Beatles por los 40 años de Abey Road…Saludos!!!A.A

    Me gusta

  4. F. de P. dijo:

    >¡Tocayo! Es verdad que hay rispideces con argentinos. Suelen mostrar un perfil altanero, como el dogor ese que juega en River y boquillaba contra Nacional. Me contó mi amigo que Newell's contra Danubio también había tenido piñata. También parece que el golero argentino había provocado a la tribuna (que todos sabemos que…). No es nada desdeñable lo que dice Damián en cuanto a la demencia que impone el enfermo del técnico de Peñarol, que por supuesto está ahí por la estupidez y grado de delincuencia de los directivos de un cuadro que debería competir fluidamente a nivel continental. Las grandes masas son acarreadas por ineptos. Salud a los de Liverpool, que han demostrado querer hacer las cosas bien.

    Me gusta

  5. F. de P. dijo:

    >Titular de "la diaria" en su sección El Faro del final del mundo:"Ribas se mostró 'sorprendido' con jugadores y anunció diez días de 'presión psicológica salvaje' para que no se repita"

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s