Dos libros a partir de la Feria del Libro de Maldonado

“Porrovideo”, de Jorge Alfonso, publicado por Hum Casa Editorial
El día en que llegué a vichar la feria del libro en la Plaza San Fernando, la semana pasada, saludé y quedé haciendo de retén en un puesto. Sin BPS. Cuando conseguí soltarme del yugo, avancé por la carpa blanca y larga que contenía las mesas de venta de libros hasta dar con Servando Valero, funcionario de una librería, fotógrafo, amigo y coeditor de RRR. Nos saludamos, comentamos sobre el libro de Alfonso Larrea –que todavía no he leído-, intercambiamos comentarios sobre la realidad y de repente hablamos de RRR. Lo interesante de la cuestión es que me señaló el puesto que estaba justo frente al suyo. Era el de Hum, una editorial de Montevideo que hace unos libros con una tapa muy linda y distintiva. Eso no es todo, claro, ya que los tipos parece que andan publicando cosas buenas. Aquí es donde digo mi ignorancia: no había leído ni uno de sus libros. Servando me dijo que estaban precisando alguien que laburara el puesto. Me quedé con ganas, pero ese fin de semana iba a Montevideo a ver por primera vez en unos seis años a un amigo con el que venimos manteniendo el mismo diálogo desde el 97. La cosa es que apareció Martín Fernández, hombre de Hum, con quien nos pusimos a conversar. Me identifiqué como antiguo empleado de Iscariote. Le manifesté todo lo que yo no sabía. Habló de sus libros editados. Tuve alguna alegría de la que hablaré después. Me negué a leer el libro del portugués Peixoto traducido al español. Soy cerrado en eso. Pero creo en las cagadas rojas como en el verso octosílabo. La diarrea de un pájaro impactó en mi cabeza despoblada, en la campera de lana del editor, en la tapa de Porrovideo. Abatió mi renuencia, por lo cual me llevé el tomito, que se me terminó revelando como muy entretenido. En los cuentos casi siempre hay animales, porros, amigos, alcohol y otras cosas. Casi siempre también el personaje se ve enfrentado a ambientes amenazantes o deprimentes, o a la estupidez, la desidia propia y ajena, etcétera. La prosa corre con mucha fluidez, sin que el narrador evite ninguna palabra sino más bien que las use con una naturalidad coloquial. Varios de los cuentos provocan un franco efecto. Se lee con una sonrisa siempre, con soltura, sin que se pierda de vista una mirada inteligente. El porro, no habrá novedades aquí, es el humo conductor en la ética y la estética. Es interesante además como fotografía de un colectivo numeroso de nuestra sociedad. La interrogante que me queda es: ¿cómo hace o hará Alfonso para escribir otra cosa? ¿Necesita variar? Ojo que igual leo otro.

“Un lugar lejano”, de Fernando Butazzoni, publicado por Planeta
Fue así. Mi librero catalán siempre esgrime libros cuando me ve. Supone que me interesa la literatura uruguaya y a veces tiene razón. El tipo fue mi patrón, además de que puedo anotarlo como amigo. Tenemos unas conversaciones de lo más interesantes. Es uno de esos locos que, me parece que un poco como yo, primero tiran bombas de excremento para probar los reflejos y las ataduras morales del interlocutor, esquivadas o resueltas las cuales se entabla una conversación inteligente y creativa. Como librero, es atípico. Insiste en prestarme libros, frente a lo cual me hago el digno y digo que no. Eso sucedió con “Un lugar lejano”, tomo en el que se basa una película homónima, por más datos. Le había gustado un detalle de la narración. Me lo quiso dar, me negué. Pero la cosa no quedó ahí porque una semana o dos después me lanza a bocajarro: “¿Cómo te ves para hablar de un libro en la plaza?” Se refería a la presentación que haría Butazzoni de la novela por él firmada, auspiciada por la Libros del Duende. Le contesté que mi vergüenza estaba perdida hacía tiempo, que si leía el libro no veía escollos en hablar de él. Consiguió prestármelo al fin. Lo leí rápido. Es breve. Un fotógrafo se va a morir de cáncer. Sueña o sabe una toma que necesita hacer. Para ello debe desplazarse a la ignota Manchuria, en la Patagonia helada. El lenguaje se adapta como guante al vacío del paisaje y el vaciamiento del personaje. La camioneta se le da vuelta e ingresa en lo que la trama luego poblará de dudas. ¿Quién era ella? ¿Qué era? Esa es el elemento virtuoso del argumento que Gerardo me decía. Nos generó toda una discusión posterior a la lectura. Ambos quedamos con preguntas, en los dos casos con respuestas distintas debidas a nuestros deseos. Quedó tan motivado con algún aspecto desconocido de la novela, que un día me llamó de noche para desplegar por medio de nuestros celulares un catálogo de narraciones ambientadas en la Patagonia. Buscaba similitudes, ponderaba el poder de un espacio vacío como territorio para la literatura. En definitiva, se trata de un libro que propicia las preguntas, que genera espacios blancos. Butazzoni no concurrió a la Feria del Libro de Maldonado.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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Una respuesta a Dos libros a partir de la Feria del Libro de Maldonado

  1. Anonymous dijo:

    >que dice estimao?leí porrovideo, libro que entretiene, lectura de una tarde de la que quedan un par de cuentos para recordar por un tiempo (dos que están al final y que tienen que ver con el candombe). En lo primero que pensé cuando lo terminé es que puede ser un buen libro para iniciar en la lectura a los gurises, hay muchos que se van a encontrar en esas páginas.SalúJorge Malabia (RRR)

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