Trece sonetos para LDL

Presente imperfecto complicado

Lo único perfecto son los defectos.
El empeño por construir peñas lisas
contorneadas de retazos directos
termina en trazos escritos con tiza.

Lo triste es el no tratar de trepar
por la fisura que la usura le hace
al templo que vierte en el agua mar
y vuelve pasto a la vaca que pace.

No es loable lamer botas culturales
ni esperar con esperanza esperada
pero al fin nos fingimos orinales

con el fin de agregarle a la ensalada
las ruinas de la vaca degollada
porque el bien perfecto está hecho de males.

Erupciones

Un orgasmo de fuego que se gesta
en matriz de roca blanda que se apura
rompe rubicundo rojas testas
que pisaran los pies cual roca dura.

El signo sale del seno que es verga
de bergantín lanzado a la bartola,
lengua de magma convertido en jergas
fusionándose, como Edipo, en olas.

Líneas rojas se derraman del tintero
de siempre y de mañana todavía,
textimonios del boleto de viajero.

Esos tubos multiétnicos que humean
son las caras de Vulcano en estos días,
son los penes con que mata madre Gea.

Eso

Los ojos de huracanes que se juntan
son la calma rodeada de tormenta
en el alba de un camino que despunta,
hecho de oponentes que mirarse intentan.

Gajos que vuelan son runas finitas
que barruntan lo infinito del instante,
gajos que se abren cual fruta que invita
muestran la ruta dulce por delante.

Se esculpe con cinceles digitales
el ideal carnal que ata a su yunta
en danza de relaciones textuales.

Ya sin materia, escupo las ruinas
de las runas tempestuosas difuntas
que fundan viento nuevo si terminan.

Circunstancial

,dicho sea como inciso en el camino,
digresión que complica cuando explica,
es silbido sutil que sufre el sino
de ser la gana que, cuando grande, achica,

palabras que padecen de poesía
entre comas que propician la cama
para parpadeos rápidos del día,
para poder odiar lo que nos ama,

infinita libertad entre barrotes,
unas razones roncas que son lucero,
trágicas tortugas que van al trote,

debería explayarme en lo que siento
mas no es playa este rápido agujero
que ahora calla para que siga el cuento,

Nosotros

Aquí la gente canta sin cantar,
aquí se dice evitando decir,
aquí no está permitido saltar,
hay que ser discreto para vivir.

Somos descendientes de los barcos
que queremos subir a los aviones,
somos los que nadamos en un charco
y ponemos a los sueños condones.

Nuestra debilidad es monolítica,
tenemos unos pesos que no pesan,
adoramos una deidad política

que tiende a radicalmente mediana,
criticamos con labios que no besan
y hacemos el amor como las ranas.

Quien no probó, ¿qué sabe?

a Lope

Ser libre para dejarse atrapar
por la prisión de la reja de dedos,
ser enorme para poder entrar
por la puerta pequeña del denuedo.

Abrir las porteras del infierno
para bajar aun más y no parar,
para fabricar veranos en invierno
con las tres manos, de par en impar.

Matar la calma domando la cama,
perder el alma por unas entradas
al concierto a dos voces y una llama.

Ser primero, para por un segundo
ser quien probó, y sabe qué es esa nada
que en poco rato resulta ser un mundo.

El gusto del gesto

Me dijeron que el verso es un gesto
y un poema un acto en una plaza.
Manifestaron que el excelso resto
es mugre que consigo se solaza.

Que es la voz de los grupos rebelados,
que es clamor de los mudos en conjunto,
que palpita al confluir de todos lados,
que obedece al lado zurdo turbamulto.

A quitar la medida del soneto,
a tirar las costuras de la rima,
a minar los capiteles del terceto

gritan los capos de Montenovea
mientras que sus genitales se arriman
a los de una mina que no ven fea.

Mirarse

Llegó el tiempo de hacer la vista flaca
para que puedan ingresar sus espadas
en el reino poblado de alharacas
que se parapeta frente a la nada.

En tiempo de guerra, cualquier agujero
termina convirtiéndose en trinchera:
son las cuencas de mis ojos, que espero
se inunden, desde la playa de ojeras.

La próxima guerra será por agua
porque no queda más por disputar
y no se puede detener la fragua.

El fuego no puede verse a sí mismo,
seca ojos que ya no pueden llorar
y la vista se engorda de egoísmo.

Se va a acabar, se va a acabar.

a uno que, diciéndose oprimido, oprime

La boca se abre para hablar,
pero no puede articular nada,
ni siquiera un vano parlotear,
tampoco estúpidas parrafadas.

Las narinas buscan respirar
y se tapan, porque, resfriadas,
oprimidas por el espiral
de las mentiras legalizadas,

no pueden incorporar la vida
que otras, mudas, no han soltado,
elogiando a la invisible herida.

Cuando una boca al fin se anime
a soltar el tesoro guardado,
respirará el silencio que gime.

Del Bon Aire

Conocí un escritor sin coronel
y una educadora mal educada
en mi viaje, y el lujo sin oropel
de lo que dice tu boca callada.

Estuve entre remolinos de gente:
los buenos aires son montevideanos
cuando se vuelven locos los torrentes
por culpa de un laburante enano.

Siempre con el termo y el mate a cuestas
paseamos, donde nadie toma mate,
y, frente a la espuma que se va, cuesta

inculcar orden en los regimientos
de letras que se van con los petates
que habían sido brisa y se van viento.

Soneto tropical

La brisa suave que balancea la hoja
atiza a Kukulkán que mata a la brisa,
desliza plumón la pluma en la hoja
de un sacrificio azul que agoniza.

La gran serpiente se transmuta en viento,
el viento siempre transporta hacia adentro,
un huracán es de lo más cruento:
la locura arrasa y se muere el centro.

Por Chichén Itzá caminan turistas
igual que sobre los dulces las moscas
y creen que, por estar, algo conquistan.

El Caribe arredra y la arena cede,
la selva lenta desprecia a las rocas
y de esto no se salva ni quien puede.

Río

Cayendo la tardecita, de vuelta
por Treinta y Tres, me voy a visitar
los mosquitos, que le dan rienda suelta
a su hambre, a orillas del Olimar.

Floto con el descanso de los botes,
atardezco con agua, denadece
gratitudes el último rebote
de unos brillos que se estremecen.

Me acuerdo de cuencas que no tuve
y olvido los afluentes de mis brazos.
Ofrendo unas piedritas. El eco sube

para unirse a la soledad de mi alma
y lo que fue multitud del solazo
se apaga por unas horas de calma.

Soneto de la vida

Trepa la reja blanca por mis sienes,
increpa con quejas negras mi fuelle,
se aleja mi balsa entre vaivenes
a reptar por las hembras de otros muelles.

Pasa la parca que agranda la frente,
suspiran los pasos sobre una alfombra
y se trenzan sobre mis tantas suertes
soles de los que sólo sobra sombra.

La vida es una caída de pelo,
camina latiendo rumbo al destino
como unos versos escritos con hielo,

pero el avance de mi cárcel cana
permite que respire mi camino
cuando por verte me muero de ganas.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en archivo, poema, soneto. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s