La mujer de verde, Arnaldur Indridasson

Arnaldur Indridasson

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Un niño encuentra un hueso que rápidamente es identificado como humano. Llaman a la policía y se localiza el lugar donde había sido encontrado el hueso. Interviene un arqueólogo y queda establecido que los huesos tienen unos sesenta o setenta años de antigüedad. Habrá una excavación lenta en la tierra. Y, más aun, tendrá lugar una excavación minuciosa del pasado, de las desapariciones. A cargo de la investigación está un policía llamado Erlendur, a cuyas órdenes están una mujer llamada Elínborg y Sigurdur Óli, que estaba en pleno acto con su mujer cuando sonó el celular.

La estructura de la narración plantea la alternancia de un tiempo en el que sucede la investigación, la actualidad, y un tiempo pretérito en que una familia sufría los embates de un hombre violento en la Islandia de la segunda guerra mundial, en la que había campamentos militares, primero ingleses y después norteamericanos. El libro se adscribe a la etiqueta de “novela negra”. La oscuridad está dada por las violencias y el dolor que van siendo dosificados al paso que la narración se va acercando a la verdad, goteo que se va acumulando a medida que avanza la historia del pasado y que los investigadores hurgan en las raíces del lugar y de las gentes que vivieron allí. La solidaridad entre los dos relatos es total, al punto de construir una trenza en la cual una hebra explica a la otra. Los virajes sorpresivos de la trama, unos cuantos, son introducidos de la manera más sutil e inesperada, como por ejemplo con un pronombre cuyo género reorienta la lectura.

Los personajes tienen una profundidad que tiende al abismo. El cambio social de una Islandia rural a una concentrada en Reikiavik, la violencia, las pérdidas, las separaciones, los deseos de las mujeres. El conjunto no se aparta ni un segundo de la coherencia férrea de una narración muy fluida e ilustrativa (¿quién sabe algo de Islandia?).

Tiene puntos de contacto con otros narradores nórdicos como Henning Mankell y Stieg Larsson. Con el primero, por el énfasis puesto en la humanización del investigador y, con el segundo, por la tendencia a la denuncia social.

-¿Recuerdas cómo se llamaba?
-No. Vivía con su familia en una casucha sin pintar. Allí encontramos mucha mercancía procedente del almacén de intendencia. Según el diario tenía tres hijos, entre ellos una inválida, una niña. Los otros eran dos niños. Su madre…
Hunter calló.
-¿Qué pasaba con la madre? –dijo Elínborg-. Ibas a decir algo sobre la madre.
-Creo que no tuvo ni una semana buena en su vida.

La miró mientras ella intentaba calmar a los niños, y comprendió que intentaba ocultar su aspecto físico.
Estaba ocultando su vergüenza.
Los niños guardaban silencio. El mayor de los chicos se acurrucó junto a su madre. Él dirigió la mirada al marido, se dirigió hacia él y le asestó una estruendosa bofetada.

Calificación: Muy bueno.

Título original: Grafarƥörg
Editorial: RBA, Barcelona, 2009.
Traducción: Enrique Bernárdez
ISBN: 978-84-9867-263-3

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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8 respuestas a La mujer de verde, Arnaldur Indridasson

  1. damiangb dijo:

    Gracias por la recomendación, Ignacio.

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  2. cabreralee dijo:

    Suena interesante… me preocupa un poco que los editores estén viendo el filón escandinavo y que por esa puerta se termine colando cualquier mierda, pero según parece, no es este el caso. Claro que antes de hacerle los honores a Indridasson deberé hacérselos a Mankell, del que me han hablado poco menos que maravillas. Ah, una cosa, las citas me parecieron un poco insustanciales…

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  3. ifdeplee dijo:

    De nada.
    Cierto lo de las citas, Leo. Lo que hice fue tomar una pequeña muestra del argumento, ya que no se trata de un libro cuyo foco esté puesto en el lenguaje. Las ideas fuerza son más bien transmitidas mediante hechos, cuyo encadenamiento es el que realmente vale la pena. Es un libro de trama. Los retratos de los personajes quedan en el ojo del lector a través de sus actos. En eso se parece a Mankell, que suele tener un lenguaje seco y ocasionales trompadas cuando menos se las espera. También se asemeja en la profundidad de los personajes (podría establecerse un paralelo bastante simétrico entre Erlendur y Wallander). Cualquiera de estos dos autores superan en calidad a Larsson, cuya lectura es absorbente aunque más tendiendo a la caricatura, a la aventura, lo cual considero más que necesario en la literatura: entretenimiento. Pura sustancia cansa, aburre, pierde esplendor.

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  4. cabreralee dijo:

    Estoy de acuerdo sólo en parte… Para mí hay un par de asuntos acá. Lo importante y lo interesante. Podríamos decir que lo primero atañe al fondo y lo segundo a la forma, pero no es así de sencilla la relación. En todo caso, seguramente terminemos hablando del equilibrio, de lo hueca que puede ser una obra que sólo apunta a interesar, a mantener prendido… eso no es tan difícil como parece, estoy convencido de que no lo es. La pura sustancia es un libro de texto liceal, no es literatura… No creo que el entretenimiento sea lo más necesario, o el fin último de la literatura. La habilidad de entretener, de mantener prendido, es un medio -en mi caso, al menos- para poder contarle al lector algo que a mí me parece importante, mi sustancia.

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  5. pedrolee dijo:

    lindo debate se armó. pronto voy a dar mi opinión al respecto sobre esto de sustancia (materia) y esencia.
    lo del filón escandinavo da para sospechar, ¿no? suena al boom latinoamericano

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  6. ifdeplee dijo:

    Estoy de acuerdo en todo. El texto debe fluir, porque de lo contrario no se lee. También siento necesario que se digan cosas, que se transmitan estados.
    Sólo decía que, considerando a la literatura como un continuo, hay un extremo que es por completo superficial y pasatista y otro de pura trascendencia. Suelo interesarme por el equilibrio, la zona del medio del campo. Ahí están también los motivos por los que uno se pone a escribir: hacer plata, descomprimir la inquietud existencial, jugar.
    Los grandes jugadores no son los que hacen más jueguitos con la pelota sino los que, sabiendo hacerlos, van hacia un objetivo claro y son comprendidos por sus compañeros. Ven tanto que comprenden qué será, de lo que ven, lo que no será visto. Para que se destaque ese jugador, por otra parte, tiene que haber perros que corran. Suelo recordar con desagrado al Chino Recoba apilando tipos contra la raya, y perdiendo la pelota.
    Me fui muuuuuy lejos.
    Ahora, ¿hay UN FIN de la literatura? ¿o tantos como autores y tantos como lectores? Supongo que tu fin se parece al mío y, por suerte, no es un calco de él.

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  7. ifdeplee dijo:

    Otro detalle: este libro no se caracteriza por lo hueco. Va profundo.

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