Las marismas, Arnaldur Indridason

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Arnaldur Indridason

Ya me sucedió antes. Enyd Blyton, Emilio Salgari, Michael Chrichton, García Márquez, Borges, Mankell, Larsson. Cuando un autor me gusta quiero más de lo mismo. En todos los casos, amén de las diferencias abismales e innegables entre ellos, todos me provocaron un placer en la lectura, un efecto narrativo atávico que mantuvo mis ojos ejercitándose en la gimnasia absurda de seguir la línea y saltar a la siguiente cuando se termina, y estar convencido de que andaba ahí en el barco con Sandokán o, en la otra punta, que estaba inventando el lenguaje tutoriado por el señor ciego. Cuadro que gana no se cambia. No soy de correr riesgos, sobre todo cuando a los libros los pago yo. Por eso insistí con Arnaldur Indridason.

                El protagonista es el detective Erlundur, nombre que significa “forastero”.  El traductor de “La mujer de verde” explicaba lo que la de este libro: los islandeses se llaman siempre por el nombre de pila, que suele tener un significado con el que los autores no vacilan en jugar, y también tienen un apellido patronímico, formado por el nombre del padre más “son” si es varón o “dottir” si es mujer. El país no llega a los cuatrocientos mil habitantes. Es una isla. Por otra parte, goza de uno de los índices de criminalidad más bajos del mundo, al punto que ha habido años sin asesinatos. Les gusta chupar y drogarse. Son muy lectores.

                La información que acabo de dar viene a cuento de la idea fuerza de la novela, que tiene como plataforma de lanzamiento la estructura de un policial que adhiere a las reglas del género: muerto, policía decadente, investigación tendiendo a la heterodoxia, clima de cinismo, lenguaje enjuto, sorpresas, resolución. Cumple, a su vez, con la tendencia que es firme en Mankell y en Camilleri: el personaje tiene una personalidad muy definida y compleja, una vida como la de cualquiera, y los sucesivos libros van formando una novela de fondo con lo que le pasa. Entonces, uno termina siendo medio amigo del tipo, que suele ser más sensible, inteligente y/o persistente que los otros, pero que es tan falible como todos nosotros. Ahora bien, retomo el tema. Indridason hace que las investigaciones tomen un sesgo histórico, por el que el lector no tiene más remedio que enterarse de que la sociedad donde está enmarcado el relato es bastante distinta a la nuestra y a las de las películas que más se ven. Y aquí aparece otro de los elementos que me vuelcan a leer un libro: su relativa distancia de lo canónico. Pese a que, soy consciente, el autor viene vendido dentro del paquete del boom nórdico, atrás de Mankell y Larsson, suecos y diversos.

                Las exhumaciones están presentes en ambos libros. Y ellas no sólo suceden en el caso concreto de los cuerpos sino que se dan en la psicología de los personajes, inexorablemente coherente con la historia. A su vez, los seres individuales forman parte de una tendencia social, que sale a la luz en la autopsia que es el relato de Indridason, dueño de una coherencia de sinfonía. Queda la idea de que Islandia es una familia y que todos los problemas surgen de sus familias. Otra vez, y no menos bueno.

Erlendur vio cómo la máquina hurgaba en una herida de hacía treinta años. Le dolía cada palada de tierra que sacaba. El montón crecía y el agujero en el suelo seguía oscureciéndose. Se quedó a cierta distancia observando cómo se hundía la pala en la cada vez más profunda herida. De pronto tuvo la sensación de haber vivido esto antes, le pareció haberlo visto en sueños y, por un momento, percibió el escenario como envuelto en una neblina: sus compañeros de la policía hurgando con la mirada el fondo de la tumba, los funcionarios con sus monos de color naranja apoyados en sus palas, el cura enfundado en un grueso abrigo negro, la lluvia que entraba a raudales dentro del agujero y que volvía a salir en la pala de la máquina, como si la tumba sangrara.

Una posdata. Ya lo adaptaron a cine: http://www.youtube.com/watch?v=DSdkE6CX9n4&feature=player_embedded

Calificación: Muy bueno.

Título original: Mýrin
Traducción: Kristin Arnadottir
Editorial RBA, setiembre 2009, 287 págs. 

 

 

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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4 respuestas a Las marismas, Arnaldur Indridason

  1. damiangb dijo:

    1: Le doy una lectura en cuanto tenga el tiempo.
    2: No me extraña nada que algo como “Lazy town” salga, justamente, de Islandia.
    Abrazo.

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  2. damiangb dijo:

    ¡¡¡Ahhhhh!!!!…
    Esto me lo tengo reservado de todos mis años mirando Discovery Kids… ¡Qué nostalgia! De veras…

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