Las aventuras con Vasil el Mudancero (nueva temporada) 3

Como llegué temprano de la tarde, dio el tiempo de sobra para distendernos y ponernos a punto. Me estuvo contando de las jodas que tenía cierto precandidato que había debido pasar un breve período tras ventajosas rejas, cosa de la cual no me había enterado porque, como en lo de los Randasso Strzswiuckiuk tenían DirecTV, no miraba los canales locales ni en pedo. Más bien me dedicaba al estudio de las ligas europeas. Pero, me dijo Vasil, igual no lo iba a saber porque en los canales de acá no salió nada. Él tuvo el dato por un viejo amigo que laburaba en la Intendencia, perteneciente a un partido que no era el del precandidato y que contaba con regocijo la noticia, aunque ironizando acerca de la leve pena que le cayera al estafador que, por más datos, había comprado su título de abogado en una universidad privada que estaba frente a un hotel. De eso sí había escuchado hablar, fue la vez en que estuve por comprar un terreno y el tipo que nos llevó hasta ellos era una máquina de tirar mierda para todos lados, al punto que no quedó nadie de pública notoriedad en condiciones higiénicas. No le pregunté a Vasil por sus noviecitas porque se encargó de contármelo él solito en términos pragmáticos y satisfechos. Interrogado sobre similares materias, caballeroso y honesto, le referí mis hazañas con “una señorita de la sociedad”, sin detallar que se trataba de Isabelita Cullen McTits, parienta en algún grado de Emma Murphy Collins de Randasso Strzswiuckiuk y muy cercana a “las chicas”, con quienes ejercían verdaderos concursos ocultos de sacada de cuero, difamación y juicio lapidario. Casi todas tenían en alguna parte esos apellidos ingleses, como si se los hubieran comprado en alguna tienda exclusiva dentro de sus barrios privados. Pero a Isabelita, por más que la tuvieran prometida a Juan Segundo Rindelli Watson de Ojeda, le gustaba el jaleo y algunos detalles técnicos del mismo que no me guardé a la hora de contárselo a mi amigo y ahora conductor. Los festejó como más tarde a los goles de Peñarol, que tuvimos ocasión de ver en un partido que nos llevó a viejos tiempos. Le dije que hacía rato no veíamos un partido juntos, que la ocasión ameritaba. Entonces, sin mayores vueltas, fui hasta el almacén de los viejos López, de donde fuera habitué y cuya hija me arrastrara el ala con sutilezas evidentes que fueran por mí capeadas con sonrisas distantes. Compré unas papas fritas, unos maníes, un pedazo de queso, un salamín, una flauta y tres Patricias, no fuera cosa que se nos secara la garganta o me diera disfonía, yo que iba a precisar de mi voz.
Le sacamos la voz al televisor, obvio, para no calentarnos con Scelza, y pusimos 13 a 0, ahí me impuse yo, que a Julio Ríos no lo trago ni en figurita. El placer de la vida de un tipo depende de sus elecciones, generalmente de que escoja lo prohibido o que puede hacerle mal. El sazonado colesterol del salamín enfrentándose en duelo estético con la rubia helada, mirar a Peñarol en vez de ver un partido de fútbol. Estar ahí con mi amigo veterano en vez de hacer playa o de haber aceptado el convite carnal de Isabelita, que esa tarde tenía libre del novio. Después de todo, la noche anterior habíamos tenido varios rounds y hasta el más tenaz amante uruguayo tiene sus límites. En fin, empanturrarse de comida y mamarse un poco un rato antes de hacer el primer city tour de nuestro nuevo emprendimiento. Total, Vasil se conoce las calles de memoria y los mamados sólo son peligrosos cuando van rápido. No, nuestros turistas no iban a asustarse por el olor porque nos concentraríamos unos quince minutos antes de salir en lavarnos los dientes y masticar chicles como si nuestra vida se fuera en ello.
Peñarol ganó y nos sentimos flotando en nuestros gritos alegres. Luego de hacer el protocolo de desodorización, nos trepamos a la Boxer y le dimos por Bulevar, que es la vía más rápida para llegar sin atascos a la Punta. Por suerte el hotel quedaba antes de llegar al tubo trancado de Punta del Este. No revelaré, por ética profesional, dónde está ni cuál es, sabrán comprender. Estábamos medio toquiños, pero supimos guardar una compostura profesional impecable. Vasil tenía en su casa, fruto del descarte de un hotel más notorio que ya supondrán, unas camisas y nos pantalones que bien podían funcionar como uniformes. Se los había arrimado el hijo, que trabajaba en el Conrad. Estuvimos ahí a la hora convenida. Bajé yo de la camioneta, ya que Vasil es medio bagual para las relaciones públicas. El recepcionista era un flaco conocido del Dancing Pamelita, uno que decían que había intentado retirar del meretricio a la Leidy, pero que ella le dijo que todo bien mi amor, pero con lo que ganás vos en el hotel no me compro ni las bombachas, si por lo menos laburaras de croupier en el Conrad. Se lo dijo a toda jeta frente a varios, que después se encargaron de repartir, eso sí, de manera respetuosa, considerando la situación del hombre enamorado y de las necesidades de la Leidy y que ellos mismos eran clientes suyos, que les hacía descuento por habituales. El flaco bien, que se entienda. No hizo escándalos ni nada y le siguió pagando por un tiempo, hasta que apareció otra que estaba más buena y después cerró el Pamelita y nos desbandamos todos. Nos conocimos enseguida y nos saludamos como lo hacen dos tipos que han frecuentado hace un tiempo el mismo ambiente. Le pregunté de qué venía la cosa, qué tal la gente que íbamos a pasear, qué era lo que querían. Me dijo que habían pedido un recorrido de los mejores puntos de la noche.
Empezaron a salir y a juntarse en el lobby. Por lo que fui viendo, sólo eran tipos. Algunos portaban sonrisitas.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en gente de Maldonado, narrativa propia, Vasil el Mudancero. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Las aventuras con Vasil el Mudancero (nueva temporada) 3

  1. >¡¡¡Todo un capítulo para seguir con la duda!!! Me estás matando, chori…¿A dónde los llevarán?Bueno, me pareció bien narrado (si hubiera perdido Peñarol ya hubiera estado mal narrado) y se deja leer con cierta agilidad.Abrazo!!!A.A

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  2. F. de P. dijo:

    >Es que no sé, Archi… Hablando en serio, si pudiera narrar como Conrad…

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