El Chorizo tiene el placer…

Durante un cierto período, me dediqué a escribir cuentos bien cortos, como de un párrafo o dos. Le pedía temas a mis amigos y mezclaba mosquitos con extraterrestres. Y también, en un ánimo aun más reduccionista, algunos que apenas si tenían un renglón. Hice sendos librillos con ellos, además de uno de sonetos y uno de haikus, que el día de la corrida San Fernando salí a vender por la playa Mansa y otro día expuse en una vereda en la Barra, al lado de unos artesanos. También los dejé en las librerías y configuraron mi primer –y único- coqueteo editorial, a pura fotocopia, tijera y perforadora.
Después dejé. Y solo escribía minicuentos para mandar al concurso de Ancel, entre cuyos primeros cien no entré ninguna de las dos veces anteriores en que gasté mensajes. Estos textos están publicados en el Chorizo bajo los títulos de
Mis últimos no premiados y Mis propios microcuentos y hay algunos que me gustan todavía.
Este año mandé de nuevo. Y un día me llamó Pablo Silva, del programa
La máquina de pensar de Radio Uruguay, para decirme que había ganado el primer premio de este año. Me sentí muy contento y estimulado. Y me quedó la pregunta de qué habría pasado con el textito que no mandé.

*

Construyeron el templo con miles de columnas de humo. También los sacerdotes murieron antes de que los alcanzara el fuego.

*

Una coma te mata, fantasma.

*

El puente, hecho con una lengua, se calló y se cayó.

*

El Principito visitó el asteroide del gremialista. Fue recibido con pancartas antiimperialistas y disturbios.

*

Los botones iban prendidos y por eso los prendieron.

*

Los platos voladores se mueven igual que las moscas en el restaurante volador donde somos el menú.

*

En la huelga general más acatada de la historia el presidente fue acusado, más que nada, de carnero.

*

Trabajó ocho horas, limpió, se encargó de la ropa y de los niños. Y, a la hora del amor, fue sensible y potente el hombre invisible.

*

Él cumplía con todas mis expectativas. No cumplía ninguna de sus promesas.

*

Esa línea representaba mi mayor desesperación. Me aspiré el renglón.

*(el que no mandé)

Gracias al innovador cambio de género, yo era hombre y ya soy mujer.

El que ganó:

 

Einstein pensó su teoría a partir de la manzana que golpeó a Newton, bajada de un flechazo por Tell del árbol del Edén, mientras Dios jugaba a los dados.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en microcuentos, narrativa propia, T cuento Q. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a El Chorizo tiene el placer…

  1. Telemías dijo:

    >hago públicas mis felicitaciones!!!Bien ganada esa laptop!!!

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  2. F. de P. dijo:

    >¡Gracias públicas!

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  3. >¡Te felicito, Nacho! Esto hay que festejarlo.

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