Paraísos imaginarios

Um dos nomes do infinito

La vista se pierde en la falta de pasto,
en árboles imposibles,
en oasis imaginarios,
en espejismos opacos,
se pierde la vista y se encuentra el recuerdo
o el ansia del regreso, que es lo único posible
sobre la carpeta gris que atraviesa esa muerte.

El viento refresca los pelos que vuelan
en el antebrazo y en el pecho hirsuto
cuando manejo por el vacío que amenaza
a tragarse a los perdidos con dientes de sol.

Hay retazos de una historia que a muchos
les parece de ignorantes
o tal vez sea una novela masticada por ratones húmedos,
pero vuela en jirones
como unas hojas secas
que podrían convertirse en semillas.

Se decía que en los planos,
además de la carretera,
se proyectaban surcos y endulzar
el agua de los dos mares
para inventar un paraíso, unas represas o unos cultivos.
Y que los ingenieros
solamente pudieron con la carretera
al tanteo
porque el hombre que los guiaba
les robó los planos de la arrocera continental.
Dicen que salió en los diarios,
cuentan que en los archivos,
hablan de un viejo en un pueblo,

una mujer salmodia la leyenda
en las noches del boliche del balneario,
sus facciones son distintas
a las de los parroquianos del infierno que frecuenta,
tiene unos ojos parecidos
al tono de su relato, el acento de su voz
suena extranjero
pero se la ve hablando con las montañas
con lágrimas familiares;

le cuenta a quien la escuche
que, después de que el guía desviara
a los ingenieros,
su pueblo entero se puso
a bailar las profecías todas juntas
para volver a casa y que en casa había un río
que andaba en círculos
y había árboles espumosos y se hablaba cantando
y solo entraban los que sabían el significado
de una palabra que no es secreta,
le tocaba repetir la leyenda
de la tierra de todos los bienes.

En el medio del desierto solo brotan las historias,
el viento les mueve las hojas y les arrastra las lágrimas,

dicen los que cuentan sobre aquella mujer extraña
que un día dijo me voy y arrancó desierto adentro,
un viejo que en ese tiempo era un gurí descalzo
le fue siguiendo los pasos y dice que ella cayó
de rodillas y cantaba en una lengua con árboles
y con alas y ríos verticales de copas redondas
y él entendía esa lengua de brisa y gorgoritos
mientras la mujer se perdía de vista
frente a sus ojos.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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7 respuestas a Paraísos imaginarios

  1. Me gustó. Tiene movimiento. Mi único pero se refiere a la utilización de las comas al final de los versos que en mi opinión le quita desde un punto de vista visual. Ya hemos hablado de este tema antes y conozco tu opinión pero igual no está de más decirlo. Beso.

    PD: Por fin tengo voces “disidentes” entrando a mi blog. Así es la vida. 😛

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    • ifdeplee dijo:

      Gracias. Lo de las comas es porque me interesa más lo sonoro y lo sintáctico que lo visual. ¿Era eso lo que yo opinaba?
      ¿Voces disidentes? ¿Fui yo?
      Abrazo y gracias por todo

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  2. Hola, no, no me refería a vos, sino a gente nueva que visita mi blog y deja comentarios. Uno nunca está libre de visitantes cuando deja la puerta abierta…Besos

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  3. satamente! fue en patota la cosa, así cualquiera!!

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