Rodolfo Santullo a la selección

Alguna entra, pero la culpa no es de él.

 

Los goleros magros tan a la moda
se tragan las pelotas, que confunden
con masitas en medio de una boda
y con espadas flácidas los hunden

en ese moco de los goles pavos
que en la vida se tragaría Santullo,
un cancerbero con arma de clavos,
en las manos cola, además del culo

con que suelen contar los superhéroes
al filo de la muerte en la viñeta.
La pelota es el mundo y al cero

lo protege el poli cuando evita
orificios de entrada en su meta
mientras le da al asado y a las fritas.

Nota: con este soneto, pago la deuda que yo mismo había generado con el bueno de Santullo cuando publicara una serie de monolitos dedicados a los Catadores.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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