La pirámide, Henning Mankell

Mankell

Hasta que no terminé de redactar la octava y última parte de la serie sobre Kurt Wallander, no caí en la cuenta de cuál era el subtítulo que, en vano, había estado buscando para ella sin cesar. Una vez que todo lo relativo a Wallander o, al menos, la mayor parte, pertenecía al pasado, comprendí que ese subtítulo debía ser, lógicamente, “Novelas sobre el desasosiego sueco”.
Pero lo cierto es que se me ocurrió, como digo, demasiado tarde. Pese a que los libros no eran sino una variación sobre este único tema: “¿Qué estaba sucediendo con el Estado de derecho sueco durante la década de los noventa? ¿Cómo sobreviviría la democracia si los fundamentos de dicho Estado no se mantenían ya intactos? ¿No tendrá la democracia sueca un precio que pueda llegar a parecernos demasiado alto y deje de merecer la pena pagar?”.
el autor, en el Prefacio

Los cinco relatos que conforman este libro son como las raíces de un sauce del que se plantó el tronco. El detective Wallander, como casi todos

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los héroes, salió a las canchas hecho y derecho, con la carrera en marcha y la vida jodida. De esos personajes, algunos son algo más que un instrumento narrativo que facilita la apertura del enigma. Otros adoptan un relieve propio y hacen pensar que la trama policial es una red que les permite sostenerse. En particular, Mankell ha hecho que las sucesivas novelas sean capítulos del trayecto vital de su personaje, cuyos cimientos muestra en estos cuentos, que empiezan con un joven policía que detesta controlar manifestaciones y empieza a adaptarse a los bemoles de su profesión, con todo y garrotazos. Tiene, en esencia, las mismas propensiones que lo caracterizan de veterano, pero aceleradas por la testosterona y la inexperiencia. Los años van pasando según se suceden los relatos. Los delincuentes revisten más o menos las mismas características habituales: dueños de vidas ocultas, un africano y los habituales con prontuario. Ni que hablar del espectáculo de la muerte, los móviles, los procedimientos policiales y las desviaciones de Wallander. El que aparece, vivo y con síntomas, es Rydberg, el que ha sido el mentor del protagonista. No faltan tampoco el padre alocado y la hija cambiante.
Me pregunto cuál sería la impresión que tendría alguien cuyo primer contacto con Mankell fuera este libro. Pienso que los cuentos, por sí mismos, son buenos. Tienen, como siempre logra el sueco, la capacidad de situar al lector en un estado de ansiedad tranquila. Y, sin dudas, revelan que su autor no es un escritor de policiales sino alguien que encuentra en el género, además de un importante ingreso, una estructura para hablar de algo más interesante.

Comenzó a retroceder hacia la calle de Hamngatan. En la casa contigua a la de Linnea Gunnér había una agencia de viajes y, al ver que, en el escaparate, tenían una imagen de El Cairo y las pirámides, se detuvo. Su padre estaría de vuelta dentro de cuatro días. Se le ocurrió que había sido injusto con él. ¿Por qué habría de oponerse a la posibilidad de que hiciese realidad uno de sus sueños? Wallander miró los demás anuncios del escaparate: Mallorca, Creta, España…
De repente se le ocurrió una idea. Abrió la puerta y entró en el establecimiento. Los dos dependientes estaban ocupados, de modo que se sentó dispuesto a esperar. Cuando uno de los dos, una chica joven, de poco más de veinte años, quedó libre, el inspector fue a sentarse junto a su mesa. Tuvo que esperar unos minutos más, mientras la muchacha atendía una llamada telefónica. En una placa que había sobre el escritorio pudo leer que se llamaba Anette Bengtsson. La joven colgó el auricular y le dedicó una amplia sonrisa, antes de preguntar:
-¿Quieres irte de viaje? Para Navidad y Año Nuevo no quedan más que vuelos sueltos.
-Bueno, verás, el motivo de mi presencia aquí es algo distinto –aclaró Wallander al tiempo que le mostraba su placa-. Como es lógico, sabrás que dos ancianas murieron carbonizadas al otro lado de la calle.
de “La pirámide”, el relato de más largo aliento que da título al conjunto

Calificación: muy bueno
Título original: Pyramiden
Traducción: Carmen Montes Cano
Tusquets, Buenos Aires, 2011, 525 págs
ISBN: 978-987-1544-92-9

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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4 respuestas a La pirámide, Henning Mankell

  1. Rodolfo dijo:

    “Y, sin dudas, revelan que su autor no es un escritor de policiales sino alguien que encuentra en el género, además de un importante ingreso, una estructura para hablar de algo más interesante.”

    Que notable Nacho, como resumís lo que vos pensás del policial (apenas una mera herramienta para hacer cosas “más interesantes”) y lo ponés como si lo pensara Mankell. Que notable.

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    • ifdeplee dijo:

      Calma, Mou.
      Evidentemente, es mi lectura, subjetiva y carente como es habitual. Y mi pensamiento también. Porque a mí me parece que el género, volcado hacia sí mismo, tiende a volverse estéril. Por eso, me parece que un policial, la ciencia ficción, el costumbrismo o lo que sea solo me resultan agradables si muestran algo “más interesante”. Como por ejemplo la capacidad de observación de la realidad, la de mentir, la de usar el lenguaje. Los géneros, para mí, son “meros” y “apenas”. Me importa la calidad que tengan las obras. Las clasificaciones son fruto de decisiones. Es probable que prefiera, a falta de buenos fundamentos, crearme las mías propias. Ya lo he dicho: lo que más me gusta de Mankell no es la “policialidad” en sí. De hecho, probablemente me han interesado más sus otros trabajos, cuyo tono se ve en los policiales y por eso me gustan. Por otra parte, si te fijás en la cita a Mankell en el prefacio, vas a ver que menciona el “desasosiego sueco”. Tengo la intuición de que para él el género ha sido una herramienta útil y eficiente. Para algo que le interesa más.
      Perdón por la afrenta, pero soy un lector degenerado.
      Salud y ¡Mankell al Nóbel aunque sea sueco!

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  2. santullolee dijo:

    Espero no haber pecado de dogmático, de haber sido así, mil disculpas. A lo que voy es que el género (el que sea) en si mismo tiene la capacidad de ser “más interesante”. Quiero decir, no por ser variado, distinto, mas ambicioso, se es menos policial, CF o costumbrista. Me explico? Porque sino, el género es esa excusa comercial. Ese “usando las herramientas del policial” que abunda en las contratapas de los libros. Se puede hablar del “desasociego sueco” en un policial, no se precisa abandonarlo. Es la vieja discusión literatura “seria” vs géneros. Es negarle al género la capacidad de ser buena literatura con trampas.

    Abrazo!

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    • ifdeplee dijo:

      Obviamente, leo policiales con fruición. De hecho, cierto personaje nefasto dudó de mi inteligencia a causa de mis lecturas (yo dudo por otras cosas…). Analizando lo que me atrae, me encuentro con dos o tres elementos que me interesan siempre: los personajes, el lenguaje, la fluidez narrativa. El policial suele caracterizarse por un enigma inicial, lo cual favorece mucho el último punto. Eso sucede en Mankell, claro, Dios lo tenga en el Nóbel aunque sea sueco, pero a mí se me antoja más destacable la sostenida construcción de su constelación de personajes. No participo de la vieja discusión que mencionás, en lo más mínimo, y tampoco siento la necesidad de defender un género, que se defiendan los autores escribiendo. En eso me parece que estamos bastante de acuerdo, la buena literatura depende del autor y no del envase que elige.
      En cuanto a la excusa comercial, esta será siempre algo que se sepa interesa a la gente, como “acción”, “Paulo Coelho”, “sensibilidad”, “izquierda”, “revelación”, “aventuras”, “masones”, “amor”, “sexo”, “policial”, “etcétera”.
      Estuvo bueno el intercambio, siempre hace pensar,
      gran abrazo

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