La fiesta del Chivo, Mario Vargas Llosa

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Vargas Llosa

La República Dominicana tuvo treinta años de trujillismo obligatorio, durante los cuales el dictador se dedicó a hacer lo que le daba la gana, munido de una moral propia basada en la admiración a sí mismo. Este es el retrato que emerge de la arquitectura de Vargas, que ha confesado sentir aversión por el autoritarismo a raíz de la relación con su padre. La figura del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina extiende su sombra a partir de los manejos más maquiavélicos e intrigantes de su camarilla inescrupulosa, a la que administra con la mayor arbitrariedad. No obstante lo horrible del personaje, sus virtudes son referidas sin ambages, de modo que el fenómeno se puede comprender en profundidad. El escritor peruano se destaca por sus dotes para la construcción y a Trujillo lo dota de las cuatro dimensiones posibles: alto, ancho, profundo y retorcido, duradero. No es meramente malo. Es un ser que odia, claro, pero también ama y sufre aunque, por supuesto, en proporciones y formas diferentes a las que solemos aceptar como correctas. Además de ilustrar acerca de los vericuetos del Chivo, o el Jefe, se traza el mapa político, de sangre y lágrimas, de la República Dominicana.
Una vez más la narrativa de Vargas recurre al expediente de alternar puntos de vista y atacar a la materia narrada desde distintas perspectivas temporales. Tengo que agregar que Trujillo, si bien es el agujero negro gravitatorio de todo, no es el único personaje. El relato, de hecho, empieza desde la mirada de Urania Cabral, la hija de un senador trujillista que en su momento cayera inexplicablemente en desgracia. Y desgrana la historia a partir de su regreso al país desde los Estados Unidos, donde ha vivido desde niña a raíz de un hecho ominoso que se mantiene velado con maestría hasta las páginas finales de la novela. También se suman al coro las miradas del grupo de hombres apostados en una carretera, conjurados, esperando para atentar contra la vida del tirano.
El poder y sus mecanismos parecen ser la fascinación de este escritor que ciertamente conoció la máquina por dentro. O, afino la hipótesis: los mecanismos, esos que se convierten en una relojería verbal que, además de los engranajes intrincados, tienen los colores y los condimentos precisos. Como por ejemplo, y me repito, la grabación fiel de la variedad lingüística de los personajes.
Además de lo bien hecha e ilustrativa, se suma la fluidez con que transcurre esta novela frente a los ojos ávidos, rubro en el que aventaja a “La casa verde” (ríspido) o a “Conversación en La Catedral” (un intermedio) y que la coloca cerca de “La tía Julia y el escribidor” (otro despelote narrativo) o “Pantaleón y las visitadoras” (una verdadera orgía). Como apunte final, cabe señalar que lo que no le falta, nunca le falta, es sexo.
Una fiesta generosa en páginas.

-Mi departamento de Manhattan está lleno de libros –retoma Urania-. Como esta casa, cuando era niña. De derecho, de economía, de historia. Pero, en mi dormitorio, sólo dominicanos. Testimonios, ensayos, memorias, muchos libros de historia. ¿Adivinas de qué época? La Era de Trujillo, cuál iba a ser. Lo más importante que nos pasó en quinientos años. lo decías con tanta convicción. Es cierto, papá. En esos treinta y un años cristalizó todo lo malo que arrastrábamos, desde la conquista. En algunos de esos libros apareces tú, como un personaje. Secretario de Estado, senador, presidente del Partido Dominicano. ¿Hay algo que no fuiste, papá? Me he convertido en una experta de Trujillo. En lugar de jugar bridge, golf, montar caballo o ir a la ópera, mi hobby ha sido enterarme de lo que pasó en esos años. Lástima que no podamos conversar. Cuántas cosas podrías aclararme, tú que los viviste de bracito con tu querido Jefe, que tan mal pagó tu lealtad. Por ejemplo, me hubiera gustado que me aclararas si Su Excelencia se acostó también con mi mamá.

Calificación: Excelente
Editado por Punto de Lectura, Montevideo, 2011, 526 págs.
ISBN: 9-789974-954687

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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4 respuestas a La fiesta del Chivo, Mario Vargas Llosa

  1. santullolee dijo:

    Coincido plenamente con este excelente, IFDP.
    Un abrazo.

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  2. “Me gusta.”
    Abrazo y nos vemos en el juego de las estrellas

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  3. Eduardo Pérez Vázquez dijo:

    La escena de la protagonista hablándole al padre parapléjico y mudo, el empecinamiento de Urania por mantenerlo con vida… son lo más rescatable para el olvido. El resto, la trama histórico-política es Vargas repitiéndose a sí mismo, a García Márquez, a Uslar Pietri, a Carpentier… qué se yo, no es lo más rescatable de Vargas.

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    • Eduardo:
      ¿”Rescatable para el olvido” o “rescatable del olvido”?
      Estoy en desacuerdo, más que con lo dicho, con la manera de hacerlo. Suena a decreto, a verdad inamovible. Y me parece que es opinable. Yo, por ejemplo, no siento que se repita, aun cuando mantenga ciertas obsesiones y preferencias. Y no le veo el parecido con García Márquez ni con Carpentier. No sé Uslar PIetri, porque no lo he leído.
      Gustos.
      Saludos,
      I.

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