Los absolutos

sei lá, sei lá,
a vida é uma grande ilusão

Vinicius de Moraes

Pienso en los absolutos de mi vida,
a la cual caí como una barranca
que arrastró una creciente del río del mundo,

era un diamante que se fue volviendo agua,
era un sinsentido cartesiano, era un nihilista,
era una flecha al aire que se abstenía de plumas
y sin blanco,
era un asiduo inconsciente a los bailes de los jueves,
cazador indiscriminado e infructuoso,
lector de fragmentos en desorden,
pienso en el año en que vi la novela de la tarde,
donde la vieja que era amante de Laport
tenía en la mesa de luz el Libro del desasosiego
de Pessoa mientras yo comía unos fideos
sin salsa, sin alma y sin propósito,
me acuerdo de vagabundear por los pasillos
de los supermercados y de saber cuál tenía
las cajeras más bonitas, me vienen otras cosas
que merecen el silencio,

yo, que venía cargado de certezas,
y las cambié por cervezas
a la vera de un ocaso
con gesto de amanecer,
observo mi vida desde el balcón de la mañana,
apenas si voy un desayuno, una parte del laburo,
y la tarde es un cerro que no tiene todavía
su laberinto,

yo tenía la certeza de la duda,
ahora lo cierto es la gente que viene en el mismo tren,
en lo que era un tren mejor dicho y ahora
son vagones que se sueltan, se separan y se juntan,
se vuelcan como dios manda, se convierten en motas
de polvo, de pimienta, en gotas, en olvido,
en vida que resbala por los vidrios de lo que eran las ventanas,

yo supe en un momento
que la muerte era el pitazo necesario
para disfrutar la vida de la cancha,
después de hacer jueguitos sin sentido
vi que es preciso el ritual del sacrificio
en que el hombre revolea el corazón
y lo ofrenda a los dioses más queridos,
que el esfuerzo más ciclópeo, cuando cae,
es la hoja con el giro más preciso,

fui teniendo la medida del absoluto sin medida
a medida que mataba los absolutos particulares,
en la medida de lo posible me hice responsable
de las riendas de la yegua invisible del amor
y el arroz y la creación de cada día,
solté todos los hilos de las vidas de los otros
y les mostré las manos
y me pareció que era bueno,

pienso en los absolutos de mi vida
y me queda Vinicius por las venas y Lenine como un vino,
la gente cuyas voces son mejores que el silencio,
las baldosas, los pastitos, el sol del invierno
y está este momento que se queda
y que se va.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en poema, Vinicius de Moraes, yo. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Los absolutos

  1. Gonzalo dijo:

    En ese super de bellas muchachas
    habitaba un escondite
    algún alimento importado ocultaba la nota
    que yo buscaba para calificar un poema que acababa de caer en mis ojos.
    Por eso los números no son mi fuerte, creo. Pero no sé.

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  2. Wen Rizo dijo:

    aH, mucho más estético su blog.
    Me encantó pasar por aquí, casualmente.

    🙂

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  3. Fabián dijo:

    Me gustó mucho este poema. Cargado de metáforas y comparaciones muy bien armadas…
    Te congratulo (por favor te lo pido, no hagas el chiste fácil de rimar esta palabrita).
    Abrazo.

    Me gusta

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