Richard Bona

Richard Bona

Oigo a Richard Bona que suena a acacias húmedas,
a quietud a punto de estallar en leones negros,
al corazón del fuego del mundo, a los ojos
que reflejan la llama y la lágrima,
el bajo que vibra y construye aldeas en el aire
con palabras en francés mezclado con inglés
o en alguna de las otras doscientas treinta lenguas
que los ponen a salvo del alfabeto,
con los dioses del baile y de la muerte.

No hay más verdad en la lengua que se entiende,
ni más pasión ni inteligencia,
están la ilusión de la copa de cristal
y el desdén al vidrio que comparten muchas bocas,
también la exclusión y la mala educación,
la inconsciencia de los propios movimientos,
la ignorancia que pronuncia porque es gratis.

En los momentos en que caen o son imposibles
las cárceles periódicas de las palabras
los árboles circulan por los corazones,
la verdad transita sin remiendos,
discursos, alegatos ni paredones,
es por eso que prefiero las canciones
que no entiendo.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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