El dios de las palabras

pensando en Jorge Melguizo y en sus palabras

Antes del calostro, Él lloró palabras.
Desde ese entonces se calló solamente
procurando en las voces de los otros
molinos para la corriente donde labra.

Por el barrio y después por la ciudad
fue censando el catastro de las caras
y corazones de la gente sin voz,
conversaba sin descanso y sin cansar.

Las alas de sus verbos a flor de suelo
engranaron a los pobres y a los ricos,
vistieron la sintaxis de los taxistas,

convirtieron en coloquio los revuelos,
callaron la voz de los politiquistas,
dieron las palabras grandes a los chicos.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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