Definición del VI Encuentro de Escrituras

por Rodney Da Silveira

Va a suceder un milagro

Momento poético. Foto de Luis Pereira.

Como en la edición anterior del Encuentro de Escrituras, este año también se propuso la disputa de un partido de fútbol por parte de los integrantes de las jornadas, casi todos ellos dedicados a la escritura. Quedaba, de ese modo, eclipsado todo lo relativo a lo específico del Encuentro. Nada importaban las lecturas, los minichisporroteos, los chusmeríos del ambiente, las preguntas sobre las razones de ser de las jornadas literarias y ni siquiera los encuentros en vivo de personas que se conocían de internet, ni los reencuentros ni los padrinos ausentes ni nada. El fútbol se lo llevaba todo puesto. Las escritoras y las mujeres de los jugadores se adscribían al arquetipo de la botinera. Algún escritor sedentario ocupaba su lugar en la tribuna. Un director de cultura se convertía en número nueve, un editor en lateral derecho y algún poeta en carnicero.

El cotejo iba a jugarse en el Campus de Maldonado, pero el sueño por cumplirse de varios pataduras quedó trunco por culpa del partido del Deportivo Maldonado, que no tiene cancha propia. Fue trasladado al miniestadio del Parque La Loma, field que, la fortuna apareció entre las letras, presentaba un aspecto y una consistencia muy adecuadas para la realización de espectáculos al aire libre. Se formaron dos bandos de acuerdo a un criterio geográfico: Maldonado contra Resto del Encuentro. Los primeros alinearon a Muniz, Rodríguez Barilari, Fernández de Palleja, Larrea, Trujillo, Di Tullio, González Bertolino y Durán Marciano. Los visitantes plantaron a Cavallo, Cabrera, Soriano, Palacio Gamboa, Montesino, Baráibar, un amigo de este y Ciancio.

Las acciones comenzaron equilibradas porque, como es parte de las reglas del juego, todos los partidos empiezan cero a cero. Los jugadores ingresaron al campo en dos tandas, la primera compuesta por los deportistas puntuales y la segunda por aquellos que valoran sus camas, con lo cual la táctica se vio alterada por el aumento poblacional, que no impidió la filtración solitaria de Soriano en el primer gol del Resto del Mundo frente a Muniz. Tampoco la defensa fernandina pudo hacer nada contra el inesperado gol del paraguayo de fierro, carrilero y editor, Jorge Montesino, que confesó no haber sabido con exactitud qué quería hacer. Tal vez esa intención ambigua fue la que venció la resistencia exegética del golero, que no sabía si aquello era un verso endecasílabo, una silva moral o una nouvelle neobarroca. Tras el entretiempo, los locales se presentaron más agresivos, ocupando metros del campo rival y esbozando jugadas de ataque, proyección de los laterales e, incluso, algún tiro al arco, algo que se había omitido bastante en el primer período, con la excepción honrosa de uno de González Bertolino. Fue así que, a partir de una pelota rebotada en una de las cargas de Di Tullio, Fernández de Palleja se encontró en inmejorable posición para errar un gol cantado. La desaprovechó poniendo la pelota netamente por encima del golero que saltaba, en una anotación absolutamente ajena a sus cualidades técnicas, que no existen. “Yo a ese gol me lo había imaginado varias veces, pero pensé que nunca lo iba a hacer, cuando era chico, me imaginaba que el espíritu futbolístico de Pelé, ya inútil por la edad, se incorporaba en mi cuerpo y yo sorprendía a todo el mundo jugando como los dioses, ahí iba a Peñarol y hacía goles a rolete, la verdad es que nunca más”, declaró, sin olvidarse de agradecer el trabajo del equipo, la humildad, el sacrificio y la suerte del rebote. Pero este acortamiento de las distancias fue tan inútil como la poesía. El trabajo defensivo de Larrea se hizo cada vez más solitario. El equipo  volcado arriba y el cansancio  fueron créditos extendidos a los delanteros visitantes, que concretaron dos de las innumerables chances que tuvieron. La tercera anónima, pendiente de investigación bibliográfica y la última de Ciancio, después de varias tentativas sofocadas por Muniz, hay que decirlo. Ese tanto fue la última palabra del match. Y una de las últimas del VI Encuentro de Escrituras, donde los particpantes, además de leer y hablar de literatura, buscan legitimarse jugando al fútbol, además de otros firuletes como la elección de Miss Encuentro y Míster Ídem, según ha filtrado Whiskyleaks.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en Alfonso Larrea, Damián González Bertolino, Encuentro de Escrituras, fútbol, fútbol uruguayo, Horacio Cavallo, Leonardo Cabrera, Maldonado, Manuel Soriano, Nacho di Tullio, Partido de escritores. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Definición del VI Encuentro de Escrituras

  1. muy bueno rod, gran crónica.

    Me gusta

  2. archiduquelee dijo:

    ¡Buena, Rodney! De esas opciones, creo que me quedo con la silva moral. De Andrés Bello, quizá…

    Me gusta

  3. Rodney agradece. Pero agradecería más que lo invitaran con una.

    Me gusta

  4. martín Palacio Gamboa dijo:

    Es de puto esperar que lo inviten. El choma de Barrio Samuel adentro, el tiranosaurio rex de la favela Toquinho de allá del Chuy -barrio jodido si los hay-, se sirve la grappa más cara, no garpa un joraca y al salir, encima, se empoma al caballo atado al palenque de la pulpería.

    Me gusta

  5. Martín: Lo que pasa es que Rodney es de Melo, y muy roñoso. Ha sabido chupar de arriba por el Barrio Condón de tu pueblo. Pide hasta en vasco.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s