El pulso del día

con la colaboración especial de Messi, Iniesta y Carver, a quienes se agradece

No es la primera vez que me pasa.
El despertador suena, a laburar, a laburar,
imagino una jugada cerca del área,
lo apago y lo reprogramo para veinte minutos después,
soy tan efectivo para dormirme como los tacos
y las pausas de un jugador improbable pero real,
dueño del brillo opaco de algunos sueños.
Suena de vuelta. A laburar, a laburar, a laburar.
Nueva postergación. Al aparato
lo pongo siempre en otro cuarto, para evitar
apagarlo dormido. Camino en calzoncillos,
las piernas torpes por el corredor. Imagino piques
cortos, fulminantes, la pelota punteada por encima
de la realidad que sale al cruce, una curva
que es un verso escribiéndose solo.
A laburar, a laburar, a laburar, a laburar,
a la tercera o cuarta vez, el atacante, mudo,
es tan imprescindible como el vino y el queso,
forma parte del engranaje de la belleza.
Me voy cargando de minutos de sueño
artificial, ganado al día como unos países inundables,
me cansa el ejercicio de dormir sin necesidad,
una palabra callada es la lápida de mi día.
El hombre de relojería hace tic tic y borda
el hilo conductor de un poema duradero,
corre como un ajedrez líquido
y se cuela por el subsuelo de la jornada.
Voy de un lado al otro en bicicleta, doy unas clases sin alma,
las agujas que me tejen cansinamente devuelven
mi cuerpo a casa. Prendo la tele.
Unos tipos esculpen una trama sutil, perfecta, concreta,
los enanitos pintan un gol soñado, lejano.
La esfera descendente del sol, implacable, se entierra
en el bolsillo del saco de la noche, le da un beso
a los pimpollos del rosal, los tapa.
Me queda algún reflejo mustio, lo tapo con galletitas.
La palabra permanece. No la trago. No la escupo.
No la dije. No fui al entrenamiento de mi equipo,
donde soy suplente aunque juguemos con diez,
quedé leyendo un libro de poemas de tela
áspera, sin terminaciones. En la tele daban
un partido de una copa sin gracia. El visitante,
que lo había remontado y se clasificaba,
quedó afuera en el último minuto.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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2 respuestas a El pulso del día

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