Séptima patotilla de microcuentos

Superioridad.

 

Cuando vio que un niño subyugaba a otro a fuerza de golpes, se dio cuenta de que esa era una forma básica de demostrar superioridad.

El ángel de distrito oyó esos pensamientos y se dio cuenta de que el hombre que caminaba se sentía superior a aquellos niños.

San Pedro descubrió en el ángel un sentimiento de superioridad.

Dios preparó la reprimenda para el portero del cielo.

Este cuento se trata de lo que Pienso de dios.

Concepción

 

Comprobaron que la clonación producía individuos incompletos. Dedujeron que el alma humana era el fruto de acciones coordinadas y cooperativas. Estudiaron las relaciones sexuales y concluyeron que lo más trascendente se producía a nivel psicológico, en un momento de aproximación que algunos humanos llaman infinito. Inventaron un método para extraer material genético combinado y con esencia de alma.

Abrazados, miramos sorprendidos ese mosquito tan parecido a una cigüeña.

Violencia

El científico se había especializado en el estudio de la violencia. En este caso, observaba cómo varios individuos de género masculino se disputaban la posesión de un atractivo espécimen femenino. No pudo más que comparar lo que veía con las guerras que le servían todos los días a la hora del almuerzo. Sin embargo, con cierto asombro, descubrió lo bello de la victoria de uno de los contendores que, tras ardua lucha, logró fecundar el óvulo.

Baile

Por vez primera veía un baile tan hermoso y parecía que lo conociera desde siempre. Las caderas bamboleantes, restregándose, eran lo mismo que aquel momento en que se derramaba dentro de su mujer. Supo que allí se balanceaban la vida y la muerte, la luz y la sombra, entrelazados en un abrazo eterno y efímero, como una pareja perfecta. Vio el calor erótico que despedía la danza en aquel árbol, luego del rayo.

Si no hubiera sido por el gusto de aquel hombre por participar en tríos amorosos, el descubrimiento de la cocción de los alimentos habría sucedido algunas generaciones antes.

Humo

Su médico le había recomendado que no comiera carne. Pero no podía evitarlo, especialmente cuando se trataba de aquellos sabrosos asados a las brasas que tanto placer le producían cuando, rato después, eructaba el humo que le recordaba la agradable ingesta.

Esa fue su perdición. Murió a manos de un violentísimo vegetariano y defensor de las vacas llamado San Jorge.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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