La ajorca

La ajorca, gruesa, pulida, perfecta,
se hiende en los pétalos de la flor.

Los que nada saben de ornamento
y que ven en los pozos de sus almas
encuentran que en el brillo del metal
habitan las luces de la belleza.

Los que usan los ojos para ver
conocen que la luz y su perfume
son los de la piel mansamente erótica,
oprimida por un frío de plata,
que muestra su tersura y su potencia.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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