Octava ráfaga de microcuentos

Máxima distancia

Luego de discutir con su novia, decidió alejarse de ella. Empezó a caminar en línea recta. Cada kilómetro que caminaba le resultaba insuficiente, lo que lo hacía caminar otro kilómetro. Caminó mucho, hasta que una espalda conocida lo hizo darse cuenta de que había dado la vuelta al mundo.

 

Narcisista

 

Poseído de un profundo amor propio, no hacía más que sacarse fotos a sí mismo.

Tiempo después, alguien encontró una cámara con un rollo sin revelar. La curiosidad llevó al descubridor a revelar treinta y seis fotografías de una flor.

Escribir

 

Un escritor decía, en epílogo de uno de sus libros, que un hombre se había propuesto la invención de un mundo. Luego de completada la faena, éste se topó con que ese mundo formaba su cara.

El lector se sintió impelido, entonces, a escribir todo el mundo, es decir, a llenar cada ápice del planeta con trazos de su puño y letra. Supuso que si, por ejemplo, empezaba por la cara del policía que justo iba pasando, se vería limitado al exiguo espacio de una celda.

Por eso, decidió empezar por una zona desértica. Consciente de lo infructuoso de la empresa pero, no obstante, empecinado en llevarla a cabo, empezó.

Tiempo después, loco y agonizante, descubrió la verdad de su arte. El mundo ya era su cara. Y él era el microscópico ácaro que se había desprendido de algún ignoto lugar de la oración que decía que un escritor decía, en el epílogo de uno de sus cuentos.

Dejar de fumar

 

Fumadora empedernida, había prometido que el día que se enamorara dejaría de fumar.

Conoció al amor de su vida y no vaciló en cumplir con su promesa. La relación se vino abajo con cierta rapidez cuando él, fumador exagerado, no pudo más con la ex fumadora que no lo dejaba en paz. Paseando solo y meditabundo, recordó que se habían conocido cuando ella le pidió fuego.

Máscaras

Al principio, vestía la máscara de la noche, hecha de alcohol y altivez. Cuando cayó esa, apareció la de la atracción, que cedió su lugar a la que no calló hasta horas después, cuando caía el primer beso de la cuenta. La máscara de ropa se deshojó como una margarita que echó por tierra la compostura. Un secreto fue revelado. Unas lágrimas diluyeron el último disfraz.

Al fin, quedó tan hermosamente minúscula que se coló por todos los lugares que tuvo a disposición. Ahora, solo soy un disfraz dentro del cual vive ella.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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2 respuestas a Octava ráfaga de microcuentos

  1. fabianmulee dijo:

    El segundo y el quinto no los entendí, los otros están más que bien…
    ¡Un abrazo!
    F.

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  2. Ignacio dijo:

    El segundo: ver mito griego al respecto.
    El quinto: el amor.
    Agradecido.

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