El abuelo habla del infinito

Fernández

a Verzi

Mi abuelo parece Fernando Pessoa,
de lentes redondos, pero sin bigotitos.
Me mira desde la fotocopia de un documento
que dice que hablaba gallego y que tenía los ojos
del mismo color que yo, y color sano.

Veo por primera vez su cara en el apartamento
que era de mi abuelo de Palleja, el maratónicamente ferroviario,
que aprendió a hablar la lengua de los rieles y los durmientes
de los ingleses, el que conocí medio sordo y
que me daba níqueles para el ciento ochenta y ocho,
el abuelo que era un tren que me tomaba y me llevaba al pasado.

Dice que el abuelo Fernández era parco,
se recuerdan pocas palabras suyas,
parece que después de dejar la lengua de su aldea
fue separándose de la voz de acá, de mi abuela,
de sí mismo, de mi padre y de mí, que tuve
la precaución de nacer a tres días de su cumpleaños,
aunque años después de que hubiera muerto.

En medio de la ciudad de humo donde nací hace casi
treinta y tres años, aunque soy de Treinta y Tres,
el abuelo silencioso me instruye
sobre el valor de las palabras,
sobre todos los actos de silencio
que deben cimentar cada letra,
sobre el desasosiego por la herencia inconsciente
que dejamos a los que no van a escuchar nunca
nuestras voces,
sobre el tiempo que lleva pensar en el infinito,
que tal vez sea solo una forma de hablar,
medio en pedo, al filo de la noche,
sobre la única religión posible,
la del laborioso cultivo de cada uno
de nuestros pasos sin documento aparente.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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4 respuestas a El abuelo habla del infinito

  1. la que ocupa el apartamento de^2 Palleja dijo:

    The breeder’s choice. (Toda la asociación libre de ideas previa, la escribí y decidí borrarla, queda a gusto del consumidor decidir cuántos peces ponerle al vaso).
    Salú! Y japi verdei!!
    Io

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  2. Julio Machin de Palleja dijo:

    Te he visto pocas veces y sólo a través de fotos. Pero si te pusieras anteojos y te afeitaras, (sin mas comentarios), te parecés a tu abuelo.
    Tu otro abuelo, mi tío, era hecho de hierro y madera, con alma inglesa y hacer gitano, siempre con su rectitud andando muchos caminos.
    A ése no te parecés por afuera, pero por dentro si.
    Un abrazo
    El primo de tu madre.

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  3. Julio:
    Gracias por los comentarios. Aunque quièn sabe… Sabés que ayer, por primera vez capaz que en treinta años, anduve en tren (exceptuando el subte de Bs. As.), así que hay una coincidencia interesante acá. Y no me voy a afeitar, que da mucho laburo…
    Gran abrazo y cuando pases chiflà y hacemos un asadito con durmientes

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