Microcuentos 2011

Minijugador

Todos los años aprovecho la convocatoria de Antel para despuntar el vicio de intentar ser ingenioso en espacios reducidos. Este tipo de relatos son a la literatura lo que el fútbol de botón es al fútbol. Son el gesto del dandy perezoso que se resiste al trabajo físico de la narración de largo aliento. Un caño que se le hace a un rival ausente y con las tribunas vacías, la filosofía que se ejerce sin trabajo, la crítica social sin argumentos, el guiño al lugar común. Una línea hecha de libros, el chiste bobo. Algo que también han hecho los grandes escritores. Lo único que yo escribía en cierta época disipada. Esta es la cosecha de la zafra 2011.

 

El Dalai Lama estaba muerto y pidió el cambio. Se sacó la 14, se puso la 15 y se sustituyó a sí mismo.

 

Cumplió doscientos años. Siguió tan dependiente y llorón como antes de nacer.

 

Sobrevivió la religión que hacía la guerra porque la que hacía el amor se acabó.

 

El presidente no paraba de bajar en las encuestas. Seguía diciendo lo mismo que antes de las elecciones.

 

Montó su moto del tiempo y se despertó moteca.

 

Los pitufos hicieron un paro general. Pitufina prefirió mudarse a lo de Gárgamel.

 

Tuvo otro hombre, otro hijo, otra asignación familiar, otra novela de la tarde, la misma soledad.

 

Los mexicanos recuerdan la tradición maya según la cual se le arrancaba el corazón al vencedor del juego de pelota. Por eso, su selección no le gana a nadie.

 

Messi se puso galeras en los pies, de las cuales iban saliendo liebres que no lo alcanzaban.

 

Mi amor por ella creció tanto que para verlo hace falta Google Earth.

 

Dios quiso ver a Dios. Fue a ver un partido del Barcelona.

 

Otra vez la casa llena de aves fénix. Te dije que dejaras de quemar tus poemas.

 

El ave Roc no tenía nada de éxito hasta que se asoció con Rol.

 

La educación militar va de mal en peor. Según una evaluación, los egresados cada vez son más pacifistas.

 

Alí Babá fue reelecto. Festejan en el comité los cuarenta camaleones.

 

Los suicidas se decidieron aun más y los pastores anunciaron el fin de los tiempos cuando se declaró la epidemia de inmortalidad.

 

Cuando Dios hizo el Edén, pensó en América. Pero desde Oriente Medio hicieron una oferta imposible de rechazar.

 

Comeme, dijo, sin saber que su amante era un caníbal.

 

Le enseñaron al general de los loros la palabra libertad. Y todo el ejército acató la orden de repetirla.

 

Tengo un agujero en el estómago, dijo el tragasables.

 

Ando volando, dijo el hombre bala, antes de convertirse en hombre fiambre.

 

Los partidos de fútbol en el Cielo se juegan sin hinchada, todos alcanzan la gloria, pero nadie pierde y no hay ningún jugador endiablado.

 

¿Y ahora qué hago?, preguntó el dinosaurio a Monterroso.

 

El Principito visitó un mundo poblado por autistas. Se creían únicos, talaban los baobabs y cultivaban volcanes.

 

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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