Dos cuentos muy cortos

Con moraleja y todo.

El príncipe está drogado porque el rey murió. Deja de ser aspirante y se transforma en ocupante del poder. Disfruta y sufre por la futura corona y por el pasado perdido. Se ve forzado a acompañar al tiempo inexorable, con lo cual mantiene una actitud pasiva en la cresta de la ola cósmica. Lo compelen a actuar sus convicciones y, con ello, no avanza sino que repasa sus pensamientos trillados. Se da cuenta de que la forma de ganar poder es darlo a la plebe pero, como el poder que el pueblo va teniendo lo tienta, decide abdicar para convertirse en plebeyo poderoso. Su ejercicio del poder para obtener poder lo lleva a perder el poder. Desarrolla el impulso propio del que quiere subir y eso aumenta su carga de poder, que se apaga cuando llega. Ergo: llegar es una imposibilidad, no es más que un punto de inflexión para que la voluntad circule. Ya lo dije, está drogado.

 

Hablar sobre el tiempo.

Ahora, que ya sé a qué lugar llevaba el camino iniciado, siento la incomodidad propia del sendero pedregoso y la comodidad de conocerlo. A su vez, conocer es, al mismo tiempo, un dolor y un analgésico. Una vez más, lo dicho me lleva a considerar posibilidades: ¿quién dijo que hay un solo tiempo? Quizá sean dos tiempos que chocan en el preciso instante en que yo emito y usted recibe, que son dos y el mismo. Y un instante, siendo una fracción del infinito, y considerando que puede ser al menos dos cosas al mismo tiempo (que no es el mismo) es el infinito. Esta afirmación liquida la teoría de los dos tiempos, que serían inabarcables y, por lo tanto, pertenecientes a una sola categoría abarcadora. Con palabras simples: el tiempo es uno solo y es miles. No existe ya que no se puede definir, pero decir “no existe” significa considerar los conceptos de negación y existencia. La implicancia, compleja, es simple: sabemos de la existencia que no existe. En suma (no olvidar que sumamos inexistencias): podrá usted extraer conclusiones. Dijo Segovia, el bolichero de la esquina, que siempre buscaba conversación hablando del tiempo.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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