Perderlo al tiempo

Está bueno perderlo al tiempo,
que suele seguirnos tan seguido.

Para hacerlo, hay que leerlo
en estibas de horizontes negros

que parecen hablar del pasado
pero son pulmones lentos

flotando en el estanque
de pasto latido por los ojos.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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