Sonetos de la educación, tercera yunta.

Día denso


Todos mis alumnos eran disléxicos,
desganados, caóticos, violentos,
todos eran obesos y anoréxicos,
mentirosos, apresurados, lentos.

Todos eran viejos antes de tiempo,
fascistas, comunistas, nihilistas,
pescados por  redes sociales, empo-
brecidos por silencios consumistas.

Todos tristes náufragos susceptibles
al borde del abandono y el llanto
cuando les pedía letras legibles.

Eran la resaca previa a la ola,
unos espejos con cara de espanto,
eran mis culpas sin faltar ni una sola.




Día nuevo


acordándome de Horacio Cavallo


Es mágico el mundo del sonetista.
Rige su lágrima por otras normas,
no existe forma de que desista
cuando insiste en verterse en una horma.

Despotrica con lugares comunes
que rima con saña filatelista,
poseído por un alma de lunes
se droga con conceptos fatalistas.

Allá por los tercetos se da cuenta
de que el apocalipsis es interno
y allí se gestan las guerras más cruentas.

Pasa un día y el gurí turbulento
poda sus marañas como un invierno
y es, en otoño, un reverdecimiento.




Estos sonetos tienen antecedentes, unos de 2011 y otros del comienzo de 2012.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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