366 grados, día 7

El catálogo de poetas nacionales
se confunde con la guía de teléfonos
y yo no tengo teléfono.

El auspicio ha provocado cantidad.
De tinta. De colorido gris.
De nombres ignorados que gritan gol
frente al estímulo simple
o putean al juez según lo convenido.

El arte está tan permitido
que no tensa con su grito
el cascarón laxo en el que vamos.

Los falsos poetas lustran la chapa
que tienen en la puerta,
a la que le han escrito una palabra
quebrada ah/sí.

En el giro onanista del trapito
ven su cara de antología
pero no ven lo efímero y cuadradito
de su bronce ficticio de cenáculo oficial.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en 366 grados, poema. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s