366 grados, día 16

Aullábamos febriles, como abejas,
gritábamos de fútbol, de política,
andábamos macizos, como ovejas,
gemíamos consignas megalíticas.

Mirábamos los ojos de las vacas
como a espejos diáfanos, pródigos,
ellas no se esforzaban por ser flacas
mientras engordábamos nuestros códigos.

Nuestras panzas eran espejos tensos,
lustrosos, llenos de espejos pintados,
de críticas y parnasos intensos

y el asado sedante, empalagoso,
nos fue descomponiendo lo bailado,
pasamos de gozosos a dolosos.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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