366 grados, día 40

Pero no como los conductores
gorditos de los programas de verano.

Como quien aclara, con palabras
que son hojas transparentes,
que muestran el tronco firme
de cristal, las raíces hundidas
en el paso firme, en el centro
de la tierra, en el latido.

Nunca por decir, no como el humo
de los prestidigitadores públicos,
los dueños del traje y el vacío
lleno de palomas venales de la paz,
no para convertir la exhalación
en billetes con fondos falsos.

Porque es necesario que el esfuerzo
termine en grito para que los músculos
descarguen la tensión de la escalada.

No complicar con macrologías,
circunloquios, lugares comunes
o frutos del árbol de la opinión.

Mediante el puro relato de los pasos,
con más silencio que deberseres.

Nunca como excusa, siempre
como una caricia que busca
en cada sílaba
ser
aire y tiempo.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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