366 grados, día 55

Los héroes no eran estatuas.
Había que ver cómo corrían por la punta,
cómo gambeteaban,
cómo se paraban en el medio de la cancha,
cómo ponían la sangre en el cielo,
cómo contradecían la meteorología oficial.

Los héroes, convertidos en personas,
fueron dejando de serlo
y nos inventamos otros de cartón
en el intento vano
de emular al talento y el trabajo.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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