366 grados, día 56

Si Pessoa no se hubiera torturado
con su trabajo de mierda,
tal vez no se habría convertido
en todos los poetas de su mundo,
quizá nos habría rociado
de una felicidad tan única,
luminosa, lúdica, lúcica, lúbrica,
que seríamos partes suyas,
seríamos cada persona del mundo.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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