366 grados, día 71

El guarda prepotente de Empresa Río Uruguay
de Posadas a Puerto Iguazú
se robó mi mochila.
Además de los lentes de sol, el termo,
el mate, la bombilla y un rollo
de papel higiénico,
iba mi cuidadosa libreta
para anotar ideas y poemas crudos.
Fue.
Y con ella un homenaje a Lenine,
un texto donde se repetía la palabra ficción,
un jaicu sexual sobre la muerte
y una canción a los guardias de seguridad,
además de algunas semillas
de difícil germinación.
Con el robo me hizo varios regalos:
la certeza de que los poemas perdidos
eran reales, porque los pude recordar,
la constancia de la necesidad
de convertir cada paso en palabras,
el impulso irrefrenable de comprar
un cuaderno nuevo y biromes,
y por último, pero no menos,
me regaló un lector hipotético,
uno que no vacilará en evaluar,
con toda imparcialidad,
la calidad de mis manuscritos.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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